—Es bueno que lo entiendas.
—Entonces quédate a mi lado y concéntrate en tu trabajo. Lo que te prometí cuando éramos niños, no cambiará.
Diego llevó a Vera directamente a las oficinas de Grupo Muñoz.
Apenas acababan de llegar cuando Valeria y Zacarías Zaldívar aparecieron en el lugar acompañados de su equipo.
Valeria seguía luciendo su característico estilo atrevido y llamativo. Llevaba un vestido largo de color verde brillante con olanes, adornado con un enorme lazo en uno de sus hombros. Llevaba el cabello negro suelto y un maquillaje bastante cargado.
En cuanto entró a la oficina y vio a Diego, corrió hacia él con total confianza.
—Die...
Ni siquiera pudo terminar de pronunciar su nombre, porque tuvo que frenar de golpe.
Justo cuando estaba a punto de acercarse a él, Vera salió de repente de detrás de un estante de exhibición, sosteniendo un trapo sucio con el que casi mancha el vestido nuevo de Valeria.
Valeria estuvo a punto de estallar de furia, pero al ver que era Vera, se contuvo de inmediato.
—Vera, ¿qué haces en la oficina de Diego?
—Ah, vi que este estante detrás del escritorio de Diego estaba lleno de polvo, así que aproveché para limpiarlo —respondió Vera con una sonrisa encantadora—. Por cierto, Valeria, te tengo una excelente noticia. A partir de hoy entraré a trabajar en Grupo Muñoz como diseñadora.
Valeria se quedó helada por un segundo, frunciendo el ceño por instinto. Su expresión era de absoluta sorpresa.
—¿Qué dices?
—A partir de ahora, yo le echaré un ojo a Diego por ti, así que puedes estar tranquila.
Vera le guiñó un ojo a Valeria y se acercó para susurrarle eso al oído.
Al principio, Valeria iba a cuestionar las verdaderas intenciones de Vera, después de todo, sabía perfectamente que ella y Diego no tenían ningún vínculo de sangre, y esa actitud tan servicial daba mucho en qué pensar.
Sin embargo, aquella frase logró disipar todas sus dudas.
Y en la primera actualización, apareció una publicación de Amaya.
El texto decía: *[Una sorpresa que creí perdida]*.
En la foto de fondo, se veía la delicada mano de Amaya sosteniendo un colgante de diseño exquisito. Pero lo que dejó a Vera completamente atónita fue que, en el suelo, había un gigantesco ramo de deslumbrantes rosas rojas. A juzgar por el tamaño, debían ser al menos 999 flores.
¡Amaya acababa de firmar los papeles del divorcio esa misma mañana!
Y ya estaba presumiendo colgantes y cientos de rosas rojas en Instagram.
¿Tanta prisa tenía por anunciarle al mundo su nuevo romance?
Vera sintió que la bilis le subía a la garganta.
Tomó la taza de café a toda prisa, regresó a la oficina, la dejó sobre la mesa y luego le plantó la pantalla de su celular en la cara a Diego.
—¡Diego, mira lo que acaba de publicar Amaya hace un momento!

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