Señaló con impaciencia hacia la puerta.
—¿Ya terminaste de verla? Si ya lo hiciste, puedes irte. Reni va a tomar su leche y luego a dormir.
Apenas habían pasado diez minutos desde que llegó.
¿Tan rápido lo estaba echando Amaya?
El corazón de Diego se hundió. Un instintivo desagrado, acompañado de una inexplicable sensación de humillación, comenzó a crecer en su interior.
Ese orgullo que había intentado reprimir volvió a aflorar. Su rostro se volvió gélido y su tono de voz se enfrió sin querer:
—¿De verdad tienes que serme tan indiferente?
Amaya lo miró confundida:
—Diego Muñoz, ya no somos nada; somos unos desconocidos. Dime, ¿con qué nivel de entusiasmo debería tratarte?
Diego dio un paso al frente, con voz áspera:
—El Grupo Muñoz ya no está en la situación inestable de antes.
—Y, ¿luego? —preguntó Amaya.
La mirada de Diego destiló cierta arrogancia involuntaria:
—Una de las principales inversoras extranjeras, AM Capital, seguirá inyectando fondos en el Grupo Muñoz. Trabajarán con nosotros para impulsar nuestro crecimiento. ¿Sabes lo que eso significa?
Amaya lo miró directamente a los ojos, inmutable:
—¿Y qué significa?
Diego se masajeó el puente de la nariz y soltó una risa seca:
—Con este capital, todos los proyectos del Grupo Muñoz podrán reactivarse. Las perspectivas de crecimiento son excelentes y las acciones no dejan de subir... El Grupo Muñoz está a punto de resurgir. ¿Estás segura de que no te arrepientes?
Amaya tardó un momento en entender a dónde quería llegar Diego con tanta palabrería.
Era obvio que él no sabía que esos fondos extranjeros habían sido organizados por el propio hermano biológico de Amaya.
Y que, en unos pocos días, la nueva directora ejecutiva a la que el Grupo Muñoz daría una gran bienvenida, sería precisamente ella.
Observó en el rostro de Diego ese orgullo y sentido de superioridad que antes le eran tan familiares; lo veía alardear de su estatus privilegiado frente a ella.
—En lugar de desperdiciarte en ese pequeño estudio de Romeo Ortega, deberías volver al Grupo Muñoz como directora del departamento de diseño.
—De todos modos, actúas como representante del uno por ciento de las acciones del Grupo Muñoz a nombre de Reni; eres una de las accionistas. Si a la empresa le va bien, ustedes serán las más beneficiadas.
—Ami, de verdad extraño los días en que trabajábamos juntos, mano a mano. ¿Por qué no vuelves? Dejemos de lado lo personal; hablemos solo de negocios y hagamos crecer el Grupo Muñoz juntos.
Diego, con su voz profunda y persuasiva, la miraba con una intensidad desbordante, sus ojos brillando con esa ambición y deseo de triunfo que lo caracterizaban en el pasado.
La antigua Amaya, al verlo así, se habría sentido cautivada al instante. Lo habría admirado, adorado y seguido incondicionalmente.
Pero ahora, la venda había caído de sus ojos. Al escuchar sus palabras y verlo en esa actitud, el rostro de Amaya no mostró ninguna emoción.
Apartó los brazos de Diego con frialdad y justo cuando iba a hablar...
De repente, desde la puerta de la habitación del bebé, se escuchó una voz clara y firme:
—Estudio Eje cuenta actualmente con un capital inicial de miles de millones, y Amaya posee exactamente la mitad. Ella es, a todos los efectos, la accionista mayoritaria.
—Me temo que ese minúsculo uno por ciento del Grupo Muñoz no le hace ni cosquillas.

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