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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 68

Resultó que, para la familia Muñoz, la llegada de su hija era algo que no valía la pena mencionar y que simplemente podían borrar de su mente.

Resultó que su vida y su muerte no le importaban a nadie de la familia Muñoz.

Amaya cerró los ojos. Al recordar cómo, el día del bautizo, había tenido que regresar a casa llorando y con el corazón destrozado, sintió que se ahogaba de tristeza.

Leonor tenía los ojos rojos tras escucharla. Ella, que nunca mostraba emociones en público, extendió la mano para intentar abrazar a Amaya.

Amaya reaccionó a la defensiva y empujó bruscamente cualquier muestra de bondad:

—¡Ya basta! ¡Deja de fingir!

—¡Vienes a abrazarme ahora! ¿Dónde estabas antes?

—¡Mi hija no apareció de la nada! ¡La llevé en mi vientre diez meses para que naciera! ¿Y en todos esos diez meses alguien de su familia se dignó a darme una palabra de aliento?

—¡Dejemos de lado el embarazo! ¡El día del parto, todas las familias en el área de maternidad estaban ansiosas, preocupadas por sus esposas e hijas! ¿Y ustedes? ¡Ni una sola persona de esta familia nos dio la menor importancia!

—Amaya, no te alteres, por favor... hablemos con calma...

Leonor también derramaba lágrimas, tratando de apaciguar a Amaya y queriendo llevarla a la oficina para hablar en privado.

Después de todo, exponer aquellos detalles tan íntimos y bochornosos frente a los empleados era humillante y dejaba a su familia por los suelos.

A esas alturas, ya se había formado una gran multitud. Todos los empleados estaban amontonados observando, e incluso había gente de otros pisos.

Estaban rodeados por capas y capas de personas.

En ese momento, todas las mujeres de la oficina, solteras y casadas, sintieron en carne propia el dolor de Amaya y rompieron en llanto. Todo el lugar parecía un mar de lágrimas.

Amaya apuntó el cúter hacia la mano extendida de Leonor y gritó con furia:

—¡No te me acerques, ya es muy tarde! ¡Hace mucho me di cuenta de que todos en la familia Muñoz son unas víboras de sangre fría sin corazón! ¡Mi renuncia y mi divorcio son definitivos!

—Próximamente iré a inscribir a mi hija al registro civil. Y de una vez hago público su nombre: ¡se apellida Ibarra y se llama Renata, que significa renacer! ¡Esto representa que mi hija y yo cortamos todo lazo y relación con la familia Muñoz para siempre!

Diego se quedó pasmado. Estaba rígido como un muñeco de madera, incapaz de mover un solo músculo.

Amaya pasó una mirada fría por todos los presentes. Finalmente, su corazón oprimido sintió una pizca de alivio...

Capítulo 68 1

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