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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 691

¿Cómo era posible que Amaya hubiera participado en la protección de patrimonio histórico durante los últimos cinco años?

En la memoria de Diego, ella siempre había estado a su lado trabajando como una empleada diligente.

Además, ¿cuándo había conocido a alguien tan respetada y con tanta influencia en ese círculo como la profesora Luciana Guzmán?

¿Cómo lo había logrado?

Diego Muñoz no pudo evitar levantar la mirada para observar a Amaya Ibarra.

En ese momento, ella estaba rodeada de todos los empresarios en el centro de atención, celebrando su reciente nombramiento como presidenta de la asociación, sosteniendo un ramo de flores y abrazada afectuosamente a Luciana Guzmán.

Por otro lado, Romeo Ortega no se había acercado. Había elegido quedarse en un rincón, mirando a Amaya en silencio con una mirada llena de adoración.

Al ver a Romeo siendo tan discreto, dispuesto a cederle todo el protagonismo a Amaya, Diego recordó cómo él siempre caminaba por delante de ella con aire de superioridad, sin molestarse jamás en mirar atrás para cuidarla.

Un sudor frío comenzó a brotarle por la frente.

Sintió que el corazón se le asfixiaba, una opresión en el pecho le robó el color del rostro, y supo que no podía quedarse más tiempo en ese salón.

Una vez más experimentaba esa sensación de aislamiento, de sentirse acorralado y en peligro.

Antes, la influencia de Amaya se limitaba al terreno familiar y de amigos.

Pero ahora, parecía un pulpo cuyos tentáculos se extendían hacia su terreno profesional, tomándolo completamente por sorpresa.

¿Acaso lo hacía a propósito?

Un golpe tras otro, aplastándolo desde todos los frentes posibles, destrozando su orgullo pedazo a pedazo.

¿Ella... estaba intentando empujarlo al límite?

Mientras más lo pensaba, más se le enredaba la mente. Al salir del evento, sus pasos eran tan inestables que casi tropieza.

—Yo también estoy preocupado por ellos.

—Romeo ha dado un paso demasiado grande esta vez, arriesgándolo todo sin pensarlo. Parece que sus sentimientos por Amaya de verdad no son cualquier cosa...

El tono de Diego dejaba escapar un rastro de amargura que Axel no pasó por alto.

Axel le palmeó el hombro:

—Ya están divorciados, no te amargues tanto por ella. Al menos, cuando terminen quebrando, no te arrastrarán con ellos. Menos mal que te divorciaste a tiempo.

—Al final de cuentas, ese título de presidenta es solo un honor vacío; si lo quiere, que se lo quede. Diego, el Grupo Muñoz tiene un futuro muy prometedor ahora, y con esa inversión enorme que lograste, confío plenamente en ustedes.

Las cejas de Diego finalmente se alisaron.

Menos mal. Aunque sus antiguos amigos le habían dado la espalda o lo habían traicionado, Axel seguía a su lado, apoyándolo como siempre.

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