Tras abandonar el lugar de la ceremonia, Amaya, Romeo y los demás se dirigieron a la Residencial Monte Verde.
Al ver con sus propios ojos cómo Josefa y su familia terminaban tras las rejas por culpa de sus propios actos, Beatriz Ibarra sintió que se había hecho justicia. Para celebrar, decidió organizar un enorme banquete.
Sin escatimar en gastos, Beatriz contrató a tres chefs con estrellas Michelin, consiguió los ingredientes más exclusivos y preparó una cena inolvidable para agasajar a los padres de Romeo, a Sofía, a Marcos y a Camilo.
Toda la casa estaba adornada e iluminada. El ambiente era de pura celebración, como si estuvieran festejando el Año Nuevo.
Amaya y Romeo estaban sentados en el centro del enorme sofá, rodeados por todos, mientras relataban con lujo de detalles la odisea que habían vivido en Aquilinia.
Amaya todavía no sabía si era prudente decirle a Sofía que el misterioso villano de su historia era en realidad Valerio.
Pero de pronto, el celular de Sofía sonó. Era una llamada de Valerio.
Como Sofía estaba sentada justo al lado de Amaya, cuando contestó la llamada, la voz que salía por el auricular se escuchó perfectamente.
—Sofi, ¿dónde estás? Necesito que vengas a la oficina ahora mismo. Tengo algo urgente que hablar contigo.
Sofía frunció el ceño, confundida:
—Primo Valerio, ¿qué pasa? Hoy pedí el día libre. ¿No puede esperar a mañana?
—No. Tienes que venir ahora mismo. Es de vida o muerte.
Sofía se extrañó aún más.
—¿Qué puede ser tan urgente? Dime qué pasa y luego veré si voy o no. Ahorita estoy ocupada con algo súper importante.
Sofía tomó la mano de Amaya y la miró con inmenso cariño.
Para ella, nada en el mundo superaba la alegría de tener de vuelta a su mejor amiga, a la que había llorado creyéndola muerta.
Además, Amaya y Romeo acababan de anunciar su boda. ¡Esa era la noticia del siglo y necesitaba enterarse de todos los detalles!
En cuanto al trabajo... ella nunca había sido la más dedicada, y a menos que el edificio estuviera en llamas, prefería ignorarlo.
Siempre había sido así, sabiendo que, como Valerio era su jefe y su primo, no habría consecuencias graves.

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