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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 11

Pero Vilma ya se lo esperaba. Después de meterle el pastelillo, le tapó la boca con la mano para que no pudiera escupirlo.

La escena fue tan súbita y veloz como un relámpago, dejando atónitos tanto al pequeño en la cama como a la niñera que estaba a su lado.

—Nélida, con que me robaras al marido ya tenía suficiente, de hecho, te agradezco que te hagas cargo de la basura que desecho. ¡Pero venir a molestar a mi hijo y a fanfarronear delante de mí es buscarte la muerte!

La pobre Nélida, con la boca tapada, no podía escupir el pastelillo y solo podía tragárselo torpemente.

Pero estaba demasiado seco. Se le atragantó a medio camino, atorándosele en el pecho. Solo podía estirar el cuello mientras su cara se ponía roja como un tomate.

Vilma no la dejó en paz. Agarró el vaso de agua de la mesa y se lo vertió directamente en la boca.

Al tragarlo de golpe, sintió como si el pecho fuera a reventársele. A Nélida le dolía tanto que los ojos se le salían de las órbitas.

—¡Vilma! ¿¡Qué diablos estás haciendo!? —Facundo apareció de repente en la puerta de la habitación. Al ver la escena, gritó y corrió hacia adentro.

Sin esperar a que él la apartara, Vilma retrocedió dos pasos con el rostro serio, observando la escena con frialdad.

—Neli, ¿estás bien? —Facundo estaba desesperado. Sostuvo a Nélida con una mano mientras con la otra le daba palmadas en el pecho para ayudarla a respirar.

Esa mano se movía arriba y abajo sobre su exuberante pecho sin ninguna inhibición.

Vilma se encogió de hombros y soltó una risita burlona.

*Qué preocupado se ve. Debe ser su tesoro más preciado*, pensó.

Nereo, que al principio había mostrado un destello de alegría al ver a su padre, se quedó paralizado al ver que solo le importaba esa mujer desconocida. Su mirada se ensombreció.

De repente, pareció entender por qué su padre no había defendido a su madre el día anterior cuando su abuelo la abofeteó.

—¿Cómo pudiste tratar así a Neli? ¿Y si se hubiera asfixiado? —Una vez que la mujer en sus brazos recuperó el aliento, Facundo se giró para interrogar a su esposa.

—Estamos en un hospital —respondió Vilma con indiferencia—. Si se ahogaba, los médicos le habrían hecho una traqueotomía. No se iba a morir.

—Vilma, ¿cuándo te volviste tan fría y despiadada? —Facundo la miró como si fuera una extraña.

Antes de que Vilma pudiera responder, Nélida, ya recuperada, comenzó a sollozar:

—Facundo… yo solo vine con buenas intenciones a ver al niño. Incluso le preparé unos pastelillos caseros. Pero Vilma entró como una furia y me atacó. Por un momento, creí que iba a morir…

—¿Buenas intenciones? Te dije que no quería, pero insististe en metérmelo en la boca. Mamá solo te hizo probar lo que se siente que te obliguen a comer algo. Si no, el que casi se ahoga habría sido yo.

La voz infantil y clara de Nereo, desde la cama del hospital, aunque entrecortada, era lógica y refutaba con fuerza sus palabras. Se había adelantado para defender a su madre.

Vilma miró a su hijo, sintiendo una mezcla de consuelo y orgullo.

Facundo también miró a su hijo, pero su expresión era indescriptiblemente compleja.

Quería divorciarse y quedarse con el niño, pero justo ahora, el niño estaba enfermo…

El ambiente se tensó. Vilma, sin ganas de malgastar su energía con gente despreciable, les ordenó fríamente que se fueran:

—Váyanse. Y no vuelvan más. De lo contrario, los golpearé cada vez que los vea.

Facundo ayudó a Nélida a levantarse. Miró a Vilma y, tras una pausa, preguntó en voz baja:

—¿Ya salieron los resultados de Nereo?

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