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Adiós, Mi Amor de Diez Años romance Capítulo 16

Manuela no tenía la fuerza para resistirse a él, ni tenía ninguna posibilidad de oponer resistencia.

Él la sujetó por los hombros y la empujó contra el auto. Sus ojos destellaban con un frío resplandor mientras luchaba por contener su ira y decía: "Manuela, ¿a quién intentas impresionar con ese desdén? Me sigues porque aún no puedes olvidarme, ¿verdad?"

"Sr. Benjamín, el narcisismo es una enfermedad. Debería ver a un médico si está enfermo." Sugirió Manuela mientras lo miraba directamente, después, con una voz calmada y seria, añadió: "Esta vez, hablo en serio sobre el divorcio, no estoy bromeando."

Benjamín apretó más sus dedos sobre sus hombros, mirándola intensamente, tratando de encontrar alguna señal de que ella solo estaba siendo terca.

Manuela no apartó la mirada de su escrutinio; sus ojos brillantes y sinceros no mostraban dudas.

Al verla así, repentinamente él sintió una opresión en el pecho, como si tuviera un bulto de algodón empapado en agua, pesado y agobiante.

"Me estás engañando." Dijo Benjamín, no estaba claro si se estaba mintiendo a sí mismo o realmente negando las palabras de Manuela.

"Si no me crees, allá tú." Comentó Manuela, quien sintió dolor por la presión de sus manos y trató de empujarlo, pero él no se movió ni un centímetro, por lo que ella amenazó: "Déjame ir, o voy a gritar."

"¿Tan desesperada estás por alejarme?" Preguntó Benjamín y acto seguido sus ojos se llenaron de violencia, le agarró la barbilla y se inclinó para besarla.

Al ver su acción, Manuela se alarmó, pensando que ese hombre, que antes no quería tocarla, en ese momento estaba actuando como un loco.

Ella intentó desesperadamente apartar a Benjamín, pero no pudo liberarse.

"Sr. Benjamín, forzar a una mujer no es propio de un caballero." En el último momento, una voz masculina, ligera y burlona, detuvo a Benjamín, el cual se giró para mirar.

Al otro lado, había un llamativo auto deportivo rojo, y junto a él estaba un hombre tan llamativo como el vehículo.

Apoyando un codo en el techo del auto, un joven se recostaba de manera despreocupada. Este, llevaba una camisa rosa y pantalones negros, pero lejos de parecer afeminado, tenía un aire seductor y desprendía una sensación de libertad.

Benjamín lo reconoció, era Domingo Hidalgo, el joven de la familia Hidalgo de Sereno Bosque.

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