Entrar Via

¡Adiós! MI ESPOSO SIN DESEO romance Capítulo 757

Eran amigos de Sileida, y sus abuelos también vivían en el conjunto residencial. Después de la pelea, no se atrevieron a volver a casa de sus padres y pasaron la noche allí. Natalia los había visto la noche anterior mientras paseaba por el segundo piso, y sus caras, Dios mío, estaban irreconocibles.

En ese momento, se preguntó quién podría haberles hecho algo tan brutal, y nunca se imaginó que había sido su propia hija.

Mientras Natalia seguía en shock por el hecho de que su hija había derribado a un hombre de metro ochenta, la voz severa de Aitor resonó desde adentro: —¿Es que no sabes hacer otra cosa que meterte en problemas? Entra de una vez.

Aitor, de formación militar, era un hombre estricto y de carácter severo. A pesar de su edad, su voz seguía siendo potente.

Al ver a su esposo enfadado, Natalia rápidamente hizo pasar a Yolanda.

Sentado en el sofá, Aitor la barrió con una mirada penetrante, frunciendo el ceño como de costumbre. —Deberías aprender de tu hermana y dejar de comportarte como una salvaje. Mira a las otras muchachas del barrio, todas son tranquilas y educadas. Y luego te veo a ti, siempre peleando o hablando con sarcasmo.

Yolanda ladeó la cabeza con una sonrisa ligera. —Como dice el dicho, de tal palo, tal astilla. Mi madre biológica era una empleada ladrona y mi padre un borracho apostador. Llevo la maldad en los genes. Me temo que no puedo ser la niña buena que usted quiere.

—¿Y entonces qué? —Aitor estalló, golpeando la mesa de centro de madera maciza con su mano ancha. Su voz resonó como un trueno—. ¿Como no eres una niña buena, tienes que arruinarle la vida a tu hermana? Yolanda, estás casada. Al hacer esto, ¿en qué posición dejas a Iker? ¿Qué pensará la gente de la familia Sánchez, de la familia Agudo?

—¿Sileida te lo dijo? ¿Dijo que yo estaba arruinando su vida?

—No le eches la culpa a tu hermana. Ella no ha dicho ni una palabra. Fue el muchacho quien, al terminar con ella, le dijo que le gustabas tú.

Yolanda lo miró con una decepción creciente, pero su sonrisa se volvió aún más desafiante y audaz. —¿Y él te dijo que yo lo seduje para que se enamorara de mí? ¿O es que nos pillaste con las manos en la masa y por eso estás seguro de que tenemos algo?

En el ejército, Aitor había escuchado todo tipo de vulgaridades, pero oír esas palabras de boca de su propia hija le resultaba insoportable.

Se enfureció tanto que casi se le salían los ojos de las órbitas. —Tú... ¿Son esas palabras propias de una señorita?

Seducir, pillar con las manos en la masa... ¡Qué desfachatez!

—¡Hermana! —Sileida corrió hacia ella, acusándola con un tono de profundo dolor—. ¿Cómo puedes hablarle así a papá? Por tu culpa, lleva días sin dormir bien, fumando hasta la madrugada...

—¿Por mi culpa? —Yolanda soltó una risa fría y sarcástica—. ¿Acaso a mí fue a la que dejaron?

Los ojos de Sileida se enrojecieron al instante. Se mordió el labio tembloroso y la miró con expresión de ofendida. —Hermana, lo siento, me equivoqué. Si estás enfadada, desquítate conmigo. Papá ya está mayor, hace poco le diagnosticaron hipertensión y el médico dijo que no puede alterarse. Tú eres muy guapa, es normal que él se enamore de ti. Papá, no te enfades por una tontería como esta.

Vaya forma de hablar...

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Adiós! MI ESPOSO SIN DESEO