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¡Adiós! MI ESPOSO SIN DESEO romance Capítulo 774

Al día siguiente.

Yolanda regresó a la casa de la familia Agudo por una llamada de Aitor.

La noche anterior, para poder dormir tranquila, había puesto el celular en silencio. Cuando despertó en la mañana, la pantalla estaba llena de notificaciones de llamadas perdidas y mensajes de WhatsApp sin leer. La mayoría eran de Sileida y Natalia, pero mientras revisaba, vio con sorpresa el nombre de Aitor.

Aitor era el típico machista, completamente centrado en su carrera y desentendido de los asuntos del hogar. Si sus hijos tenían un problema y acudían a él, la respuesta era siempre la mano dura, una represión autoritaria. Su relación con ellos era distante; aparte de preguntarles cómo estaban cuando se veían, casi nunca los contactaba por iniciativa propia.

Yolanda llegó después del trabajo. Justo al acercarse a la puerta, escuchó el llanto de Sileida desde adentro:

—Papá, lo siento, me equivoqué. Por favor, no te enojes.

Aitor tenía un vozarrón que, cuando se enfadaba, recordaba al rugido de un león furioso, imponente y amenazador.

—Tú y Yoli son hermanas, son familia. ¿Sabes lo que es tu comportamiento? Es una puñalada por la espalda, una traición. Demuestra una falta de integridad. Si estuviéramos en el ejército, esto te costaría el cargo y el nombre. En casos graves, incluso te llevarían a una corte marcial.

—Papá, sé que me equivoqué —sollozaba Sileida, casi sin aliento—. Fue porque el médico dijo que me quedaría una cicatriz en la frente... Perdí la cabeza y cometí un error. Te juro que no sabía que esos dos no solo querían sacarle dinero a mi hermana, sino que también iban a transmitir en vivo para destruir su reputación. Si lo hubiera sabido, jamás lo habría hecho.

Su llanto era desconsolado y su disculpa parecía sincera. Si Yolanda hubiera sido un poco más blanda, hasta se habría conmovido.

Pero como dice el dicho, «el que no llora, no mama». En la familia Agudo, la que siempre conseguía el favor de Aitor no era su hermano, nacido tras mil dificultades, ni ella, su propia hija separada de ellos desde pequeña, sino Sileida, con su dulzura y sus mimos. Y, como era de esperar, ante sus lágrimas, el «padre estricto» suavizó el tono.

—La familia debe apoyarse y estar unida, no ponerse zancadillas por la espalda.

En la puerta, Yolanda abrió las redes sociales para ver cómo había evolucionado el asunto. Para su sorpresa, no solo no había nada en las tendencias, sino que todas las noticias habían sido eliminadas. Ni las de Sileida ni las suyas estaban. En su lugar, había una noticia bomba sobre un joven actor de moda que engañaba a sus fans para acostarse con ellas; supuestamente se había acostado con treinta y cinco en un mes. Con una noticia así, los internautas estaban en llamas. ¿Quién tendría tiempo para preocuparse por los enredos de unos desconocidos?

Yolanda guardó el celular y abrió la puerta con su llave.

Al verla, Sileida rompió a llorar de nuevo y se disculpó.

—Hermana, lo siento, me equivoqué. ¿Me perdonas, por favor? Te juro que no sabía que iban a transmitir en vivo... —Repitió la misma historia que le había contado a Aitor—. Ayer a mí también me insultaron en las redes. Hermana, por favor, perdóname esta vez.

Yolanda no respondió ni una palabra. En la sala solo se oían los sollozos y las súplicas de la mujer. Natalia, incapaz de soportarlo, intervino:

—Yoli, Sileida no lo hizo a propósito. Tú...

Yolanda arqueó una ceja con una sonrisa irónica.

—Está bien.

Al ver que cedía, Natalia suspiró aliviada. Pero antes de que pudiera relajarse del todo, Yolanda añadió:

—Pero tengo una condición. Quiero que anuncien públicamente que soy su hija biológica.

Hacía tiempo que había dejado de esperar el supuesto amor de padre o de madre. Lo único que quería al pedirles que lo hicieran público era una cuestión de justicia. Ella no debería haber soportado los prejuicios y el rechazo de la gente; fue el egoísmo de ellos lo que la había sometido a tanta injusticia.

Quien no lo ha vivido no puede entender el impacto que la violencia verbal y física tiene en una niña de catorce años. Aunque siempre se defendió, incluso de formas brutales en las que salía tan herida como sus agresores, nadie sabía que durante esa época tenía pesadillas todas las noches. Le daba miedo salir, caminar por lugares solitarios e incluso mirar a esa gente a los ojos.

Capítulo 774 1

Capítulo 774 2

Capítulo 774 3

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