VICTORIA
Me quedé completamente inmóvil ante la propuesta de mamá.
Abrí la boca, pero no salió ninguna palabra.
—Déjanos un minuto a solas —le pidió a mi hermano.
Enzo me dedicó una última mirada complicada antes de salir y cerrar la puerta detrás de él.
—Ma… má… —tartamudeé, poniéndome de pie y luchando por mirarla a la cara—. ¿Qué quieres decir… con apareamiento?
—Voy a ser directa, Victoria, porque puede que esta sea la última conversación tranquila que podamos tener. —La tensión se marcaba en sus facciones, llenando la habitación de urgencia.
—¿Qué está pasando?
—La posición de tu hermano como patriarca pende de un hilo. —Me tensé ante sus palabras—. Los Alfas mayores lo están amenazando, aprovechándose de que tu padre ya no está.
—No… pero papá construyó esta familia. ¿Enzo no tomó el control de lo importante? —pregunté sin entender, pero una sonrisa triste se deslizó por el rostro de mamá.
—Compruébalo tú misma.
Arrojó un sobre sobre la cama, uno que ni siquiera había notado que sostenía.
Cayó sobre las sábanas y lo abrí a toda prisa.
Lo que encontré dentro hizo que el nudo en mi garganta se apretara hasta no poder tragar, y el dolor en mi pecho se volvió insoportable.
—Papá… —mi mano voló a mi boca para contener los sollozos.
—Pietro siempre te protegió en silencio, aunque su orgullo jamás le habría permitido admitirlo en voz alta —confesó, con el dolor estampado en todo el rostro.
—Usó su influencia y sus contactos para cerrar tratos a favor de ese Alfa tuyo, para ayudarlo a escalar posiciones dentro de la familia Vasiliev. —Su voz comenzó a elevarse.
—Y ahora esas mismas cosas están siendo usadas contra tu hermano… ¡¿y tú vienes a decirme que ni siquiera pudiste conservar tu puesto como Luna?!
Su rugido furioso me hizo estremecer y bajar la mirada, arrugando los papeles entre mis puños.
La impotencia y la rabia se retorcieron juntas dentro de mí. ¿Cómo se atrevía Luca a decirme que nunca recibió ayuda de papá?
—No podemos acogerte porque ni siquiera podemos garantizar nuestra propia protección. Si te quedas aquí, tu cabeza podría rodar esta misma noche junto con las nuestras…
—¡No! —me incorporé de golpe a pesar del dolor, negando con la cabeza.
Yo era la razón principal de que esa grieta se hubiera abierto en la reputación de mi familia.
Desafié la autoridad de mi padre. Me negué a cumplir con la unión que nos habría hecho más fuertes.
—Dime qué tengo que hacer… —caminé hacia ella y tomé sus manos frías—. Dime, mamá… ¿qué es ese apareamiento con la familia Greco?
El corazón me golpeaba con fuerza, y la determinación echó raíces dentro de mí.
—La familia Greco está buscando otra vez una Omega compañera, como aquella vez… la vez que tú los rechazaste —me lo echó en cara, apartándose de mi contacto.
—Si logramos aliarnos con ellos… nadie cuestionará la posición de tu hermano, y él podrá protegernos…
Apreté los labios mientras nos sosteníamos la mirada.
Por supuesto que lo rechacé en ese entonces. Para mí, era una humillación.
Solo me ofrecían el papel de compañera. El vientre para el heredero. La segunda esposa en un castillo lujoso, básicamente.
Las Omegas servían como reproductoras, no como Lunas.
—¿Quién… quién es esta vez? —pregunté, con la voz quebrándose.
—El mismo de antes. Lorenzo Greco, el patriarca de la familia.
Las piernas se me debilitaron y ese pánico familiar volvió a abalanzarse sobre mí.
Por eso también lo había rechazado en aquel entonces.
Ese Alfa dominante era la sombra poderosa detrás de la familia Greco… pero el hombre que dirigía ese imperio y lo mantenía unido con mano de hierro no era alguien que se pudiera tomar a la ligera.
—Pero… escuché que terminó casándose con una Alfa y que la tomó como su Luna…
—Su esposa murió en un ataque que sufrieron. Sin descendencia. —El tono de mamá se mantuvo duro—. Las cosas tampoco son simples para la familia Greco. Necesitan un heredero, y si tú no aceptas, encontrarán otra Omega, por escasas que sean las Omegas…
—Lo haré.
Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera pensarlas bien.
Mis opciones eran pocas. Tenía algo que ganar… y muchísimo que perder.
—Estoy dispuesta a aceptar esta vez, pero hay un problema, mamá… No sé… si puedo quedar embarazada.
Lo confesé mientras la veía fruncir el ceño, preocupada. Su mirada bajó hacia mi vientre y el estómago se me revolvió, con los nervios arrastrándose bajo mi piel.
¿Y si ahora que estaba lista para enfrentar esto, seguía siendo inútil para mi familia?
—Solo hay una forma de saberlo. —Su voz salió plana, decisiva.
— Mañana iremos a una clínica de fertilidad y te harán un estudio completo. No podemos mentirle a la familia Greco.
Las náuseas regresaron, junto con ese nudo en el estómago que no se aflojaba, pero solo asentí, bajando la cabeza.
Entonces, para mi sorpresa, una mano tensa me rozó la mejilla, y los ojos me ardieron.
—Si el médico dice que no puedes… te ayudaré a salir de la ciudad. Tengo contactos. Tal vez con una prima… —murmuró.
—No.
Levanté la cabeza, y la determinación brilló en mis ojos dorados.
—Esta vez no voy a huir de mi destino. Tengo que poder. Me uniré a Lorenzo Greco y le daré un heredero Alfa… mitad Bianchi.
Lo dije con más valor que certeza.
Mamá me observó durante lo que pareció una eternidad, con los ojos tratando de decir mil cosas que se había tragado durante años.



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