C104-¡QUE SEXY!
Gideon apretó los dientes hasta que se le marcaron las mandíbulas, y Elizabeth le regaló una sonrisa burlona de "jódete" antes de caminar hacia su tumbona y dejarse caer boca abajo, como si lo ignorara por completo.
Draxel ya estaba llegando, dispuesto a obedecer su pedido, cuando Gideon lo interceptó y lanzó su advertencia.
—Si te atreves, pelinegro, tú y yo vamos a una guerra personal. No me importa qué leyes haya en este mundo... ella es mi compañera, y nadie la toca.
Las auras de ambos alfas se encendieron como cuchillas chocando en el aire y Draxel no retrocedió ni un centímetro; al contrario, dio un paso hacia adelante con la calma de quien sabía lo que hacía.
—Ella no te quiere cerca, Gideon. Lo único que los ata son los niños. Así que acepta que perdiste, ahora quítate, tengo trabajo que hacer.
Un gruñido ronco que salió del pecho de Gideon, fue tan intenso que hasta Melinda en la piscina volteó asustada. Dio otro paso, dispuesto a destrozar todo, cuando Tobias intervino en medio de ambos.
—¡Ey, ey, ey! —los separó con las manos en alto, señalando hacia la niña—. Bajen los ánimos, ¿sí? Les recuerdo que hay niños.
Puso una mano en el pecho de Gideon y lo empujó apenas, lo suficiente para hacerlo retroceder.
—No caigas en sus provocaciones —susurró—. Ella te está llevando al límite, y vaya que lo disfruta. ¿Quién lo diría? Pensé que era dulce y tierna cuando la conocí.
Gideon lo ignoró como si ni siquiera existiera y volvió a su asiento aun con la furia latiéndole bajo la piel. No podía apartar los ojos de Draxel, y menos cuando lo vio arrodillarse junto a Elizabeth y destapar el frasco.
Draxel dejó caer un poco de crema en sus manos y comenzó a extenderla lentamente por las piernas de ella, aunque estaba un poco decepcionado.
—Eli... —murmuró—. ¿Segura que lo que quieres broncearte son las pantorrillas?
Elizabeth escondió una sonrisa, a decir verdad, solo lo había hecho para molestarlo, quería vengarse por dejarla insatisfecha y vaya que estaba disfrutando el efecto que estaba causando. Gideon, en cambio, apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: AMANTE CONTRATADA DEL ALFA: ¡HUYÓ CON SUS CACHORROS!