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AMANTE CONTRATADA DEL ALFA: ¡HUYÓ CON SUS CACHORROS! romance Capítulo 105

C105-¡PORQUE ERES MÍO!

Gideon entró al agua de un salto, haciendo que Melinda gritara emocionada al salpicarla. La niña se aferró a su cuello y ambos comenzaron a reír y jugar, pero, aunque parecía concentrado en ella, sus ojos nunca se despegaron de Elizabeth y sabía que ahora ella lo estaba mirando, que lo había seguido con la vista desde el momento en que se quitó la camisa.

Y Elizabeth, aún con la rabia en el pecho por ese guiño descarado a la sirvienta, decidió devolverle el golpe donde más dolía. Se giró hacia Draxel, elevando la voz lo justo para que Gideon escuchara.

—¿Me ayudas con la espalda? —le pidió, entregándole el frasco con un tono deliberadamente coqueto.

El cambio en el rostro de Gideon fue inmediato, su sonrisa se congeló, y la superficie del agua alrededor suyo pareció helarse. Tobias lo miró con un gesto de "te lo dije" mientras se acomodaba más en su asiento disfrutando del espectáculo, pero la gran sorpresa fue la respuesta de Draxel, quien consciente de lo que estaba ocurriendo, se inclinó para que solo ella lo oyera.

—Cuando te canses de pelear con él, sabes dónde encontrarme.

Se levantó y se marchó dejando la tensión más cargada que nunca.

Poco después una de las empleadas apareció y llamó a Melinda para almorzar. La niña salió del agua sin protestar demasiado, secándose mientras canturreaba algo y Tobias, incómodo, se levantó de un salto.

—Yo... tengo que revisar unas... piedras —dijo al azar, marchándose con rapidez.

El silencio quedó suspendido sobre la piscina, pesado como una amenaza y Gideon salió del agua, con el torso chorreando, las gotas resbalando por sus músculos dorados, se acercó hasta la tumbona de Elizabeth, y su sombra la cubrió por completo.

—La próxima vez que uses a otro hombre para provocarme, Elizabeth, te aseguro que no te va a gustar la consecuencia.

Ella lo miró de reojo, con el corazón martillándole en el pecho, atrapada entre el enojo y el deseo, pero decidida a no dejarlo ganar, se levantó bruscamente, lanzándole una mueca de desprecio.

—No me des órdenes. No eres mi dueño.

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