C112-AMOR QUE DESTRUYE.
Sofía se levantó del sofá con pasos temblorosos, el corazón le martillaba en los oídos, pero aún así se acercó despacio hacia la puerta cerrada de la habitación y se detuvo a escasos centímetros, sabía que lo que iba a escuchar le rompería el corazón, pero aun así, apoyó el oído contra la madera y la voz de Draxel llegó clara, grave y urgente.
—Elizabeth… voy inmediatamente. No te preocupes, todo estará bien.
Esas palabras le atravesaron el pecho y cerró los ojos, mientras un grito desesperado quiso salir de su garganta, pero lo ahogó mordiéndose la mano hasta sentir el sabor metálico de la sangre. Un sollozo le sacudió el cuerpo, ahogado, doloroso.
Y de pronto se apartó de la puerta, desesperada, queriendo salir de allí. Corrió hacia el sofá, tomó su cartera y salió del departamento.
Minutos después, Draxel salió de la habitación.
—Sofía... —llamó, mirando hacia la sala, pero ya no había nadie. Caminó hasta la cocina y tampoco estaba—. ¿Sofía…?
Entonces vio algo en el suelo, se agachó y recogió una pulsera plateada, delicada, con pequeñas piedras claras incrustadas, era de ella.
—¿Se fue…? —murmuró.
La llamada de Elizabeth no había sido nada romántico, ella le había dicho que ya tenían la ubicación de Keeva, y que debía estar presente. Y Silas, había insistido en que participara. No importaba que Elizabeth estuviera con Gideon, no importaba que su corazón aún palpitara por ella, para él, la caída de Keeva era prioritaria. Exterminar a los lobos que habían osado aliarse con humanos, era necesario para la supervivencia de la especie.
Draxel cerró los ojos un instante y suspiró con fuerza y luego miró de nuevo la pulsera en su mano, la apretó con fuerza, sin pronunciar palabra, y finalmente la guardó en el bolsillo de su pantalón, antes de volver a la habitación.

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