C113-EL NOVIO QUE LLAMÓ.
El impacto la lanzó hacia adelante con violencia, el cinturón se incrustó en su pecho y la ahogó, mientras su frente golpeaba el volante. Un dolor agudo le atravesó la cabeza y por un momento todo giró, el mundo convertido en un torbellino de luces y sombras. Aun así, intentó enfocar, pero la vista se le nublaba y el zumbido en sus oídos no la dejaba pensar.
Con los dedos temblorosos y torpes, forcejeó con el cinturón hasta liberarse. El aire frío de la noche entró por la ventana rota cuando abrió la puerta y salió tambaleante, el pavimento parecía moverse bajo sus pies. Parpadeó varias veces hasta que logró distinguir a un hombre bajando del auto contra el que había chocado.
Se acercó y cuando la vio titubear, corrió hacia ella.
—Dios… estás lastimada —murmuró al ver la sangre resbalando por su mejilla.
Sofía negó débilmente.
—Yo… choqué tu auto… lo lamento… lo…
Sus piernas cedieron y el mundo volvió a girar, pero antes de que tocara el suelo, el hombre la atrapó entre sus brazos.
—¿De verdad te preocupa mi auto cuando estás herida? —dijo con un tono que mezclaba irritación y ternura—. Chica tonta.
La acomodó mejor contra su pecho, cuando otro hombre salió del vehículo y este era mayor, de porte frío, traje oscuro y mirada calculadora.
—¿Qué hacemos, joven? —preguntó con voz neutra.
El de ojos azules señaló el auto de Sofía sin soltarla.
—Trae sus cosas. Vamos al hospital, creo que se lastimó la cabeza.
El hombre asintió sin cuestionar, abrió la puerta del auto destrozado y recogió sus pertenencias, incluyendo el teléfono que yacía en el piso. Luego lo miró a su jefe en espera de instrucciones.
—¿Y los autos?
—Pídele a Andrei que se encargue y… que no le diga nada a mi padre, ¿de acuerdo?
—Sí, joven —respondió el otro con firmeza.
El de ojos azules caminó con Sofía desmayada en sus brazos, la sostuvo como si fuera de cristal y la llevó hasta un vehículo oscuro que aguardaba a un costado. Abrió la puerta del copiloto con cuidado y la acomodó en el asiento, ajustando el cinturón de seguridad sobre ella, luego rodeó el auto y se subió al asiento del conductor.
Encendió el motor sin dudar y aceleró rumbo al hospital.
Después de llegar los médicos se movieron con rapidez, revisándola, limpiando la sangre de su frente y vendando la herida. Por fortuna, solo tenía un golpe en la cabeza, doloroso pero no grave y ahora descansaba en observación mientras recibía tratamiento.

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