C115-¿PODEMOS HABLAR?
El salón oculto en la mansión de Silas la tensión era tan espesa que casi se podía cortar, alrededor de la mesa estaban todos: Elizabeth sentada junto a Gideon, Draxel en el extremo opuesto, Tobias revisando unos documentos y Kael de pie, con los brazos cruzados y la mirada dura.
Silas abrió la reunión con su voz grave.
—La subasta será en tres noches, no podemos fallar. Lo que está en juego no es solo la ubicación del laboratorio, sino el futuro de nuestros hermanos.
Después de varios días, finalmente habían conseguido una invitación para tal evento, que por supuesto se celebraba bajo estricta confidencialidad.
Gideon intervino frunciendo el ceño.
—¿Y cuál es el plan exacto? No pienso entrar a ciegas.
Draxel lo miró con desdén, apoyando un codo en la mesa.
—Claro que no. Tú nunca haces nada si no estás seguro de quedar como el héroe.
—Cierra la boca, Draxel —gruñó Gideon—. Tu presencia aquí ya es suficiente problema y si por mí fuera ya te habría sacado.
Los ojos de ambos se encontraron y la chispa de rivalidad se encendió al instante, la tensión entre los alfas subió hasta que Silas golpeó la mesa con fuerza.
—¡Basta! No es momento para sus malditas diferencias.
Ambos callaron, conteniéndose, aunque las miradas cargadas de odio siguieron clavadas. Entonces Tobias intervino, desplegando un mapa sobre la mesa.
—Debemos infiltrarnos como compradores. Si jugamos bien, uno de los organizadores nos dará la ubicación del laboratorio, ese será nuestro objetivo principal.
Todos asintieron, conscientes de la gravedad y Silas entrelazó las manos sobre la mesa.
—Entonces falta lo más importante. ¿Quién será el comprador?
El silencio llenó el lugar… hasta que una voz femenina lo rompió.
—Yo por supuesto.
Todos se giraron hacia la puerta y una mujer pelirroja entró usando vestido negro ajustado resaltando su figura, sus labios rojos y la seguridad en su mirada encendieron la sala y Draxel sonrió de inmediato.
—Gracias a Dios llegas. Pensé que no vendrías.
Rowena miró a todos menos a Kael, sus ojos pasaron encima del como si ni siquiera existiera, y eso lo hizo apretar la mandíbula.
—Rowena —explicó Draxel— es quien se hará pasar por compradora.
El cuerpo de Kael se tensó como un resorte.
—Ella no irá.
Rowena arqueó una ceja, fría.
—No me mandas, Kael.
El rugido que salió de su pecho hizo vibrar el aire.
—Soy tu futuro esposo y te digo que no.
Rowena bufó, burlona.
—¿Esposo? ¿sigues con eso? No recuerdo haberte dicho que sí.

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