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AMANTE CONTRATADA DEL ALFA: ¡HUYÓ CON SUS CACHORROS! romance Capítulo 117

C117-NO TE ATREVAS.

El silencio del gimnasio solo era roto por los golpes secos que Draxel descargaba contra el saco. Llevaba un pantalón negro de chándal, el torso desnudo cubierto de sudor y cada músculo de su cuerpo se marcaba con la tensión de sus movimientos, el cabello húmedo caía sobre su frente y tenía los nudillos enrojecidos. Con cada impacto, el saco se balanceaba violentamente, como si estuviera pagando por la rabia que hervía en él.

En su espalda, el tatuaje del lobo —símbolo de la manada Shadowfang— brillaba con un resplandor violeta y como siempre, sus ojos del mismo color centelleaban cuando estaba enojado.

Y vaya que lo estaba.

Su mente era un torbellino.

Primero, la conversación con Elizabeth. Ella le había dicho que amaba a Gideon, que él solo era un amigo. Palabras largas, que en su cabeza se resumieron en eso: amaba a otro. Lo sorprendente fue que no sintió lo que esperaba, no hubo dolor desgarrador ni rabia incontrolable.

Solo nada.

Un vacío frío.

Le deseó suerte y felicidad, aunque Gideon seguía cayéndole mal, pero no por Elizabeth, sino por su personalidad arrogante, como si llevara escrito en la frente "dios todopoderoso."

Los golpes contra el saco aumentaron, volviéndose más rápidos y más violentos. El tatuaje brilló con fuerza y sus ojos se encendieron como brasas.

Y el verdadero motivo de su ira, tuvo nombre: Sofía.

No podía sacarse de la cabeza, la imagen de ella riendo con Aslan, eso lo perseguía sin tregua y tampoco el modo en que ese bastardo se presentó con tanta seguridad, como si ya tuviera derecho sobre ella.

Y lo peor: que ella ni siquiera se inmutó cuando le reveló lo que era Aslan, un maldito mafioso. Ella no mostró miedo, no lo buscó después, no hizo nada, simplemente lo castigó con su maldito silencio.

Ni una llamada, ni un mensaje.

Nada.

Los celos lo consumían, porque estaba convencido de que a Aslan le había gustado Sofía, y mucho.

Con un rugido, descargó toda su fuerza en un golpe final y el saco se abrió de golpe, la arena se desparramó y cayó al suelo. Draxel se inclinó, apoyando las manos en los muslos, con la respiración agitada y los dientes apretados.

—Ni se te ocurra, Sofía… —murmuró con la mandíbula tensa—. Ni se te ocurra intentarlo.

Sabía que ella se había marchado porque había escuchado su conversación con Elizabeth y por supuesto había querido explicarle, pero Sofía ya no estaba. Intentó buscarla, llamarla, hasta que supo que estaba en el hospital, después de eso, sus celos y su orgullo tomaron el control.

Pero ya no más, no podía dejar que esto siguiera así, tenían que hablar.

La conocía demasiado bien, y si por alguna razón estaba pensando en darle una oportunidad a Aslan Crowe, entonces el infierno caería sobre la ciudad. Porque Sofía era suya, en todos los aspectos, porque el vínculo de almas no dejaba espacio a dudas.

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