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AMANTE CONTRATADA DEL ALFA: ¡HUYÓ CON SUS CACHORROS! romance Capítulo 118

C118-PIERDES EL TIEMPO, EL NO TE AMA.

Sofía bajó las escaleras con la sonrisa ensayada en los labios y Rowan la esperaba, sentado con un vaso de whisky en la mano y frente a él, de espaldas, había un hombre alto, de cabello oscuro. Algo en su silueta le resultó inquietantemente familiar, tanto que un estremecimiento le recorrió la piel.

—Hermano... —murmuró, conteniéndose.

Rowan sonrió al verla y se puso de pie y el invitado lo imitó, girándose despacio. En el instante en que Sofía lo vio, sus pupilas se le dilataron y el aire se le atascó en los pulmones.

Era Aslan.

—Sofía... —Rowan se acercó con una satisfacción en la voz—, conoce a nuestro invitado, Aslan Crowe.

El shock la dejó paralizada, tanto que ni una palabra salió de su boca y solo pudo quedarse mirando esos mismos ojos azules y esa sonrisa arrogante que había visto semanas atrás. Aslan, con una calma desconcertante, cruzó el espacio entre ellos, tomó su mano sin pedir permiso y la besó con suavidad, sin apartar la mirada de la suya.

—Hola, Sofía...

Ella seguía muda, intentando procesar, entonces Rowan soltó una carcajada.

—Wow, esto sí que es novedad... que mi hermana se quede sin habla.

Aslan no sonrió por la broma, siguió fijo en ella, con esa intensidad que la hacía sentir atrapada.

—Bueno, yo también estoy sin habla... Jamás pensé que mi futura esposa sería la más hermosa de todas.

El impacto golpeó a Sofía como una bofetada y sus labios se movieron al fin, temblorosos.

—Espera... ¿Q-qué?

Rowan se acercó y le puso una mano en el hombro, ahora con una expresión seria.

—Quería decírtelo antes, pero conociéndote, ya habrías huido. Sí, Sofía. Aslan y tú van a casarse.

Su mundo se derrumbó en silencio y nuevamente no salió una sola palabra de su boca, entonces Aslan giró el rostro hacia Rowan con tranquilidad.

—Esto es mucho para ella. ¿Qué tal si me dejas a mí explicarle?

Rowan no dudó un segundo y asintió.

—Me parece bien, es lo correcto. Al fin de cuentas, serán marido y mujer dentro de poco.

Aslan volvió a mirarla, y con una suavidad le acarició la mejilla.

—Ve por tu bolso, te invitaré a almorzar.

El contacto la sacó de su estupor y miles de preguntas se agolparon en su garganta, al mismo tiempo que un grito casi rompió en su boca, pero no podía hacerlo ahí, no frente a Rowan, no cuando el secreto de Draxel pendía como una espada sobre su cabeza.

Así que tragó, asintió y giró sobre sus talones.

El restaurante era un despliegue de lujo: lámparas de cristal, mesas impecables y un murmullo elegante que apenas se escuchaba entre copas y cubiertos. Sofía estaba sentada frente a Aslan, con la espalda rígida y el corazón latiendo demasiado rápido, lo miró directamente, con una frialdad que apenas lograba sostener.

—Ya me conocías, ¿verdad? Ese día... cuando me ayudaste. Sabías quién era, ¿cierto?

Él la observó en silencio, sus ojos azules intensos clavados en los de ella, como si buscaran desnudarla por dentro y finalmente asintió.

—Sí. Ya sabía quién eras. Te había visto en una fotografía que me mostró mi padre.

El rostro de Sofía se transformó en incredulidad, rabia y dolor.

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