Eran las 3:00 am, Luciano D’Angelo llegaba a casa luego de un largo día lleno de trabajo y una cena con Barbara Castrejón. Al entrar, se sorprendió al escuchar la voz de Teresa, su ama de llaves.
- ¿Señor D’Angelo?
- ¿Qué sucede, Teresa? ¿Acaso usted no descansa? -dijo el hombre con voz cansada.
- Señor D’Angelo, sé que no le gusta que lo molestemos y menos a esta hora, pero… Tenemos un serio problema del cual debemos hablar.
Algo en el semblante de aquella mujer, le decía que realmente necesitaba atender el tema en ese momento, por lo que, soltó un suspiro, aflojó su corbata y caminó hacia el recibidor.
- ¿Qué sucede? Sabes bien que vengo cansado, así que, dime, ¿Qué necesitas que revisemos?
- Se trata de la niña Almendra, la suspendieron del colegio. -dijo la mujer con precaución.
- ¡Teresa! ¡Almendra solo tiene 4 años! ¡Va al jardín de niños! ¿Cómo es posible que la hayan suspendido? -respondió el hombre con incredulidad.
- Estuve tratando de localizarlo, pero, Tadeo me dijo que se encontraba en una reunión con la señorita Castrejón. -dijo Teresa sabiendo que aquel, era un tema que su jefe mantenía en completo hermetismo.
- ¿Por qué se supone que suspendieron a mi hija del colegio? -dijo Luciano sirviéndose un trago.
- La niña Almendra es constantemente molestada por sus compañeras de clase, ella me ha dicho que no quieren jugar con ella, me ha dicho que incluso, no le prestan los juguetes que hay en el salón.
- ¿Eso es motivo para que la suspendan? -dijo Luciano con molestia.
- ¡No, claro que no! Las niñas del colegio, constantemente la molestan debido a que dicen que no tiene mamá. -dijo la mujer con pesar.
- ¿Qué? ¿Qué cosas dices? ¡Por Dios! ¡Son niñas de 4 años! -dijo el hombre minimizando el tema.
- Señor D’Angelo, hoy la niña Almendra, empujó a la niña que suele molestarla en el colegio.
- ¿Así que esa es la razón por la que la suspendieron?
- Hablé con Almendrita del tema, ella solo reaccionó así para defenderse, pues las otras niñas la estaban empujando, tanto así que, termino con las rodillas raspadas luego de caer al suelo.
Señor, usted me paga por cuidarla y cuidar de esta casa, pero seamos honestos, en ocasiones… Siento que me esta delegando todo el cuidado y crianza de su hija, pero hay temas que solo usted debe atender.
- ¿Acaso estás insinuando que soy un mal padre? -dijo el hombre volteando a ver a Teresa con frialdad.
- ¡No lo insinuó! ¡Lo afirmo! ¡No me importa si me despide…! ¡Es importante que voltee a ver a su hija! ¡Ella es una niña y está sufriendo! Hoy, al no poder localizarlo, tuve que llamar a su hermana, pues la niña a la que empujó es la nieta del director de la escuela y nos mandaron a llamar al colegio.
- ¿POR QUÉ LLAMASTE A MI HERMANA? -gritó Luciano imaginando lo que se avecinaba.
- Señor, ¿qué quería que hiciera? Estuve tratando de localizarlo y no pude hacerlo. Mire, yo sé que usted es libre de rehacer su vida, pero, tiene una responsabilidad con su hija, no puede simplemente hacer como si no tuviera hija, ya bastante tiene Almendra con que su mamá no está a su lado, como para que, ahora, usted también la abandone.
- Teresa… ¿A dónde quieres llegar con todo esto? -dijo Luciano tratando de contener su evidente ira.
- Señor D’Angelo, no sé qué esté pasando por su cabeza en estos últimos años, no obstante, siendo honesta, si usted no puede cuidar a su hija, será mejor que le pida a la señorita Paloma o la señora Moretti que se hagan cargo de Almendrita. -dijo Teresa cambiando de tono.
Teresa sabía que estaba cruzando la línea, pero de solo recordar el incidente, aquello le daba el valor para hablar como lo estaba haciendo.
– La niña Almendra está sufriendo… No entiendo cómo es posible que ya desde niña le digan que es: “la niña sin madre, la huérfana”. Si usted hubiera estado ahí, si usted hubiera escuchado todo lo que la madre de esa niña le dijo a mi niña, me entendería, pues de agresiva, rebelde, revoltosa, grosera y salvaje no la bajó. -dijo Teresa con un nudo en la garganta.
Luciano escuchó atento todo lo que Teresa dijo, mientras hacía aquello, se hacía una nota mental para pedirle a Tadeo que fuese al colegio de su hija, a solucionar el tema; sin embargo, aquellas últimas palabras no le habían gustado en lo absoluto.
En el caso de Teresa, aunque le estaba diciendo algunas verdades, había cosas que se estaba guardando, como el hecho de que, desde que Barbara Castrejón apareció en su vida, el hombre había hecho a un lado a la pequeña Almendra y no solo eso, actualmente solo podría describirlo como frío e impaciente.
- Teresa, ¡Ve a dormir! -dijo el hombre mirando su reloj. - En unas horas veré cómo resolver el tema por mi cuenta.
- Pero señor… ¿Qué va a hacer?
- Lo que haga o no es tu asunto… Será mejor que vayas a descansar. -dijo Luciano mientras tomaba todo el contenido de su vaso.
- Señor D’Angelo, la señora Paloma me dijo que vendría mañana por la mañana a platicar con usted, me pidió que le dijera que lo esperara y que, de no ser así, iría a su oficina.
Luciano apretó con fuerza el vaso, sabía que la plática de este momento no era nada comparado con tener sobre él a Paloma, su hermana con el matrimonio perfecto.
Luego de ver cómo aquella mujer lo dejaba solo, el hombre subió a donde estaba la habitación de su hija, la cual, descubrió que se encontraba despierta.
- Almendra… No cierres los ojos, acabo de ver cómo los tenías abiertos.
- Buenas noches, papá… -dijo Almendra volteándose y dándole la espalda.
- ¿Quieres decirme qué ocurrió hoy? -dijo el hombre con una extraña calma.
- ¡No! -respondió Almendra tapándose con las cobijas.
- ¿Por qué no?
- Mi tía Paloma ya habló conmigo…
- Pero yo soy tu padre y quiero saber qué te ocurrió, ¿Puedes dejar de jugar?


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