—¿Qué diablos es ese ruido? Estamos en plena noche, ¿no puede una bestia tener un poco de paz mientras se aparea?
—¿Qué otra cosa podría ser? ¡Tal vez sea otra vez Ardenia Snow! Su pareja debe de haberse negado a copular con ella, ¡así que se ha tirado por el acantilado por despecho!
—No sería la primera vez. Es tan desagradable a la vista que más vale que esté muerta. Cada vez que hace una de estas, vuelve arrastrándose con vida, y nos hace quedar mal a todas las hembras.
—Ojalá el Dios de las Bestias tenga piedad y la deje morir esta vez. Así, sus pobres compañeros por fin se librarán de ella…
Todos los Therian de la tribu tenían un oído muy agudo. En la quietud de la noche, no era difícil adivinar quién estaba causando el alboroto.
—Ay…
Ardenia se agarró la cabeza mientras caía con fuerza al suelo. Un dolor punzante se extendió por su mejilla un momento después.
—Eres repugnante, Snow. ¿Cuántas veces me has drogado este mes? Te lo digo, aunque me maten, nunca copularé contigo. ¡Olvídalo! ¡Piérdete!
«¿Copular? Qué palabra tan familiar y a la vez tan extraña. ¿Dónde diablos estoy?».
Gimiendo, Ardenia se frotó las sienes, que le latían con fuerza, y abrió los ojos. Frente a ella, medio sumergido en un charco de lodo, había un pez. No, más exactamente, ¡un tritón! El tritón levantó la vista cuando ella se puso de pie, con su hermoso rostro manchado de suciedad retorciéndose de disgusto.
—Aunque me tortures hasta la muerte, nunca cederé. Ardenia Snow, me das asco.
Mientras hablaba, un ligero rubor se apoderó de sus rasgos afilados.
«Maldita sea esa ogra fea. Me ha vuelto a drogar».
Ardenia ladeó la cabeza, aturdida, y miró al furioso tritón. De repente, una avalancha de recuerdos invadió su mente, dejándola con un dolor palpitante. Se vio obligada a absorber todo lo que había pertenecido a ese cuerpo.
Resultó que había aterrizado en Mundo Bestia, y la Ardenia original era la hija del jefe de la Tribu del Lobo. Aprovechándose del poder de su padre, reclamó por la fuerza cinco parejas inigualables para ella, pero todos la despreciaban por ser gorda y fea. Ninguno estaba dispuesto a tocarla, la mayoría ni siquiera soportaba mirarla, como si fuera basura.
Desesperada por acostarse con ellos, la Ardenia original había seguido drogándolos una y otra vez. Esta vez, lo había intentado con este tritón, pero él prefirió morir antes que ceder. Su enorme cola la golpeó en el rostro, enviándola directo a la muerte. Y fue entonces cuando ella, la actual Ardenia, llegó.
Ardenia frunció el ceño, sintiéndose miserable. Había sido una cultivadora moderna, una experta solitaria a punto de alcanzar el siguiente reino a finales de mes, ¿y ahora esto? ¿Arrojada a otro mundo, en cuerpo y alma?
«¿Una transmigración forzada? ¿En serio? ¿Y he aterrizado en el cuerpo de un ogro loco por los machos? Aun así… Le concederé esto, tiene buen gusto».
El tritón que tenía ante ella era demasiado guapo. Sus rasgos eran cincelados y profundos, su largo cabello suelto le caía sobre los hombros y no llevaba nada más que una tira de piel de animal alrededor de la cintura. Su físico irradiaba un poder primitivo y salvaje.
«Está demasiado bueno… Esos abdominales, esa cintura y esa cola… Maldita sea, qué buen ejemplar de pez».
Al sentir su mirada, la expresión de Calder Schern se torció con más disgusto.
—Te lo digo, Snow, nunca copularé contigo. El hecho de que me hayas comprado no significa que vaya a vincularme contigo. ¡Sigue soñando!
—¿Quién ha dicho que quiera copular contigo?
«Aunque, técnicamente hablando, la Ardenia original lo había atado con esa intención después de dejarlo inconsciente con una poción de amor».
Calder soltó una risa fría sin humor.
—Ah, ¿sí? ¿No quieres copular conmigo? Entonces, ¿por qué demonios me has atado?
Su voz rezumaba desprecio, tan agudo que casi se hacía tangible. Ardenia miró al tritón revolcándose en el charco de barro y, de repente, sonrió. Su mirada se deslizó de arriba abajo antes de posarse en algún lugar entre sus piernas. Se agachó a su lado, con un brillo juguetón en sus ojos, y señaló su entrepierna.

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