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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 964

—¿Cómo es posible que le afecte el cambio de clima? ¿Será que la traemos muy poco?

La niña ya tenía tres años. Aparte de volver para Año Nuevo o alguna fiesta, pasaban la mayor parte del tiempo en Solsepia.

De bebé no pasaba nada, pero ahora que creció empezó con estos problemas. Nadie se lo esperaba.

El señor Tamez no tenía intención de responder a eso. Tiró de la cobija de Beatriz para taparla: —A dormir, no le des vueltas.

—Pero...

Beatriz quería seguir hablando, pero el señor Tamez la jaló de la cintura, la pegó a su cuerpo y le hundió la cabeza en su pecho.

Una forma muy efectiva de callarla.

Al cumplir tres años, la niña ya era bastante independiente.

Abrió los ojos temprano en la mañana y vio a sus papás abrazados, durmiendo como troncos sin intención de despertar. Se sentó en la cama tallándose los ojos.

Con un dedo, picó con cuidado la mejilla del señor Tamez y llamó con voz tierna: —Papá.

El señor Tamez abrió un ojo con pesadez, muerto de sueño.

—Papá, hambre...

El señor Tamez le tapó las orejas a Beatriz y se aclaró la garganta: —Ve con tu abuelo.

Seis de la mañana. A esa hora, en toda la casa, solo Osvaldo estaba despierto.

Los muy chicos y los muy viejos no duermen.

Los de en medio duermen como si no hubiera un mañana.

—Papá, llévame.

—Ve tú sola.

—¡Papá! —La niña empezó a hacer pucheros con la voz entrecortada.

El señor Tamez tenía mucho sueño y poca paciencia: —Como despiertes a tu mamá, te voy a dar unas nalgadas.

Anoche tuvo a toda la familia en el hospital, durmió todo el camino de regreso y ahora, claro, ella ya descansó.

¡Pero él seguía con sueño!

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