—Señor Vera, mi hija tuvo la amabilidad de llevarlo a la sala de descanso, ¿cómo se atreve usted a... aprovecharse de ella así?
Begoña fue la primera en atacar, señalando a Alfonso delante de todos para dejarlo como culpable.
Jorge, que al principio tenía toda la intención de facilitar ese matrimonio, ahora se ahorraba el esfuerzo de hablar. Todo ya estaba dicho.
Celina frunció el ceño.
—Una persona sin conciencia, ¿cómo puede aprovecharse de alguien?
—Celina, ¿qué estás insinuando? —Begoña le lanzó una mirada dura—. ¿Estás diciendo que mi hija se rebajó sola?
—Solo hablo desde el punto de vista médico. Si una persona no está consciente, ¿cómo iba a tener una erección? Es como cuando alguien está borracho, no puede tener relaciones —respondió Celina con voz firme.
Los presentes se sintieron un poco incómodos, pero como había varios médicos en la sala, nadie pudo contradecirla.
—No vengas con tus explicaciones científicas, mi hija perdió su dignidad y punto —Begoña parecía a punto de desmoronarse por su hija, los ojos enrojecidos—. Sí, queremos la alianza con la familia Vera, pero aún no hay nada seguro y pasa esto... ¿No cree que la familia Vera debe darnos una explicación?
—¿La familia Arce quiere unirse con la familia Vera?
—Con razón... así todo tiene sentido.
Emilio fijó la mirada en Celina, su expresión se volvía más oscura con cada segundo. Al final, desvió la vista.
—Señor Vera, ¿no cree que debería dar una explicación?
Celina lo miró, apretando los puños.
—Emilio, ya te estás pasando con tu favoritismo.
Él respondió con un tono cortante.
—Como tu esposo, ya fue suficiente con tolerar que te preocupes tanto por otro. ¿Ya olvidaste lo que me prometiste?
Además, recordaba que ella llevaba a su hijo en el vientre.
La actitud dominante de Emilio la sorprendió. Por un momento, Celina sintió que no lo conocía en lo absoluto.
Como si ese hombre frente a ella fuera un completo desconocido.
Abril también tenía el gesto endurecido.
—Ya basta —Alfonso intervino al fin, ajustándose el saco con calma—. Si la familia Arce está tan desesperada por esta alianza, hasta el punto de recurrir a estas artimañas, no tengo motivo para negarme.
Jorge se quedó pasmado.
—¿Señor Vera, dice que acepta?
—Si su hija insiste tanto, ¿por qué habría de rechazarla? Además, quién sea mi esposa, la verdad, me da igual. Lo único importante es callar las quejas de los mayores.
El tono indiferente de Alfonso era tan cortante como un machete. Había dejado claro que no quería casarse.
Tania se mordió los labios, los ojos llenos de lágrimas, pero no se atrevió a llorar.
Begoña, aun así, no podía evitar sentir lástima por su hija.
—¿Qué significa eso, señor Vera? ¿Pretende no hacerse responsable después de casarse con mi hija?
—¿Quiere que llame a la policía, entonces?
La respuesta de Alfonso dejó a Begoña sin palabras. Si involucraban a la policía, todo saldría peor. Si Renata y Alejandra se enteraban, se convertiría en la burla de la familia Arce.
Después de que Alfonso se fue, la gente comenzó a dispersarse.
—Sí, Abril ya dijo que no quiere que la ayudemos, seguro no es nada grave.
—Celina —dijo Emilio, mirándola fijamente—, vete tú primero.
Celina mantenía una sonrisa tranquila.
—Entonces, no les quito el tiempo.
Dicho eso, se dio la vuelta y se fue, sin mirar atrás.
Emilio la siguió con la mirada, pensativo.
Abril notó esto y, aunque intentó disimular, no pudo evitar que se le oscureciera el semblante.
—Emilio, de verdad estoy bien. Si te preocupa Celina, mejor ve con ella.
—Alguien la acompañará. Por ahora, te llevo al hospital.
Abril forzó una sonrisa.
...
Las luces de la ciudad pintaban la noche de colores, el ambiente se volvía más denso.
Al salir por la puerta principal de El Jardín Gastronómico, Celina vio a Lea esperándola junto al carro.
—Señorita Flores, el señor Arce me pidió que la llevara a casa.
Celina no dijo nada y subió al carro.
En el camino, Emilio le mandó un mensaje, pero ella ni lo miró. Mejor apagó el celular y lo guardó.

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