Una idea fugaz cruzó por su mente.
¡Maltrato infantil!
Celina se detuvo. Dio media vuelta y miró a Santiago, encogido detrás del jardín mientras sollozaba. Dudó medio minuto, pero al final se acercó.
Santiago se limpiaba las lágrimas cuando vio que alguien le ofrecía un pañuelo.
Alzó la vista, se quedó pasmado un par de segundos y le apartó la mano.
—¡Eres una mala persona, no quiero nada tuyo!
Celina no se lo tomó a pecho.
—Si fuera mala, ya te habría echado de aquí.
El niño apretó las manos, con el labio temblando, y se quedó callado.
—¿Qué te pasó en la pierna?
Apenas pronunció eso, Santiago se apresuró a bajarse el pantalón para cubrirse y en sus ojos se notó una mezcla de ansiedad y miedo.
Celina también notó el nerviosismo en su cara.
—¿Tu mamá te pegó?
—…No —negó bajito.
Su mamá solo le pegaba porque no se portaba bien. Su mamá lo quería…
—¿Se lo dijiste a Emilio?
—¡Mi mamá nunca me ha pegado! ¡Nunca! —Santiago se tapó los oídos de golpe y salió corriendo.
Celina sintió que quizá se estaba metiendo donde no le correspondía. Al fin y al cabo, no era su hijo, ¿para qué preocuparse tanto?
Estaba por irse cuando de frente apareció Tania. Ella vio a Santiago salir corriendo y llorando, y enseguida se topó con Celina. No tardó en sacar sus propias conclusiones.
—¿Qué te pasa, Celina? ¿Por qué te metes con un niño? Aunque no aguantes al hijo de Abril, no tienes derecho a correrlo, ¿eh?
—¿Yo lo estoy echando? —Celina soltó una risa incrédula—. Si de verdad quisiera hacerlo, ¿tú crees que te daría tiempo de reclamarme?
—Tú… —Tania se puso tensa y, recordando lo de anoche, su mirada se llenó de reproche—. No creas que porque la abuela te tiene cariño puedes hacer lo que quieras. Te advierto: mi hermano quiere mucho a Santi, y si le pasa algo, no te lo va a perdonar.
—Perfecto —Celina se encogió de hombros, cruzando por su lado sin darle importancia—. Entonces ve y cuéntale a Emilio, ¿no?
Ignoró a Tania y siguió su camino.
Tania, furiosa pero impotente, reconoció que Celina ya no era la de antes. Ahora, si la insultaban, ya no se quedaba callada.

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