La habitación del hospital quedó sumida en un silencio espeso. Durante un largo rato, nadie se atrevió a hablar. Finalmente, Emilio apartó la mano de Abril con una calma absoluta.
—Si necesitas algo, llama al guardaespaldas.
Dicho esto, salió de la habitación sin volver la vista atrás.
Abril, con los ojos enrojecidos, lo despidió en silencio. Sus manos apretaban con fuerza la sábana. Había creído que, si lograba que Emilio pensara que ella lo había salvado, volvería a recibir un trato especial. Pero no esperaba su reacción; él no se veía ni remotamente feliz. Más bien, parecía que prefería que no hubiera sido ella quien lo rescató. Como si le resultara incómodo, como si no quisiera deberle nada.
...
Emilio salió del hospital y justo al subir al carro, recibió una llamada de Lea.
Le dijo que ya habían encontrado a Valentina.
Sin perder tiempo, Emilio dejó de lado la idea de regresar a Villa de la Paz y se dirigió directo a resolver ese asunto.
Valentina había regresado a escondidas. Estuvo vagando por fuera, gastando hasta el último peso que le quedaba, y al verse sin opciones, volvió a Clarosol a buscar ayuda de la hermana de su esposo.
Se encontraba sentada en un privado de restaurante, completamente envuelta en un abrigo y bufanda, temerosa de que alguien pudiera reconocerla. Solo cuando Maya Herrera entró, Valentina se atrevió a quitarse la bufanda y se levantó de golpe.
—¡Hermana!
—¿Todavía tienes el descaro de llamarme así? —Maya la fulminó con la mirada, sin ocultar su molestia—. Tú y Tristán Herrera hicieron semejante estupidez, metieron la pata hasta el fondo y casi arrastran a tu cuñado con ustedes.
—Hermana, al final de cuentas, Tristán es tu propio hermano, ¿cómo puedes decir eso...?
—Desde que terminó en la cárcel, para la familia Herrera, ese tipo ya no existe. —Maya se sentó y cruzó las piernas—. La familia Herrera no puede cargar con semejante vergüenza.
—No es por la familia, ¿verdad? Más bien le tienes miedo a que esto le arruine la reelección a tu esposo, ¿o no? Todos somos familia, ¿de verdad piensas dejar que esto se salga de control? —Valentina, que había estado aguantando el coraje, por fin explotó.
Maya no respondió. En ese momento, un guardaespaldas abrió la puerta.
Lea entró con paso tranquilo, asintió cortésmente a Maya.
Antes de que Valentina pudiera reaccionar, Maya tomó su bolso y se levantó, sonriendo a Lea.
—Lea, yo ya me retiro.
Valentina se levantó de golpe.
—¡Maya! ¡Me estás entregando!
Pero Maya ni se inmutó. Salió del privado sin mirar atrás.


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