El semblante de Tristán se tornó tenso.
—Celina, si tú no tienes reputación, ¡el hospital sí la necesita!
—¿Ah, sí? —reviró Celina, cruzándose de brazos—. Qué curioso, yo pensaba que el hospital era tuyo, porque te estás aventando un show digno de telenovela.
—Tú…
—¡Maldita! ¿Todavía te atreves a seguir mintiendo? —Valentina la señaló con el dedo, temblando de rabia—. Si no fuera porque andas detrás de mi esposo, ¿qué significa eso de que en tus datos aparece que estás casada? ¡Ya pregunté y nadie ha visto a tu supuesto marido! Además, mi esposo lo admitió: ese “esposo” del que hablas es él mismo. Lo que pasa es que no quieres que sepan que eres la otra, así que te inventaste lo de estar casada, ¿verdad?
Alrededor, quienes conocían a Celina sabían que estaba casada, pero la verdad era que nadie jamás había visto a su esposo.
Ahora, con el alboroto de Valentina, varios empezaron a dudar.
—¿A poco sí está tan cañón esto? ¿Qué le vio Celina a ese tipo?
—Yo la veía muy correcta… jamás imaginé que fuera ese tipo de persona.
Mientras los murmullos crecían detrás de ella, Abril esbozó una sonrisa casi imperceptible. Quería ver si Celina se atrevía a sacar el tema de Emilio.
Fuera lo que fuera, Celina ya no podría librarse de ese escándalo.
Celina miró de reojo a Abril y confirmó lo que sospechaba: todo esto lo había montado ella.
—Sí, estoy casada —afirmó Celina, en voz firme—. Pero eso no tiene nada que ver con Tristán. O sea, ni siquiera tengo su número personal, ¿o ahora resulta que para tener un amante uno usa el número de la empresa?
Tristán se quedó helado, mirando a Abril con nerviosismo.
Él en serio no sabía nada de los números personales.
Abril forzó una sonrisa.
—Celina, para eso de las aventuras, no siempre hace falta el número…
—Vaya, pero es que ni siquiera tengo a Tristán en mi WhatsApp personal —replicó Celina.
—A lo mejor ya lo borraste, ¿no?
—¿Y cómo se supone que iba a saber que Valentina vendría hoy a armar su show para que yo borrara el contacto justo antes? ¿Soy adivina o qué?


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