Karina no tenía la menor intención de regresar.
—Cuando termine de arreglar todo por aquí, si me queda tiempo, iré a ver a mi papá y a mi mamá.
Habló de su papá y su mamá, no de él.
Orlando no era tonto, lo captó de inmediato.
Se rio con amargura.
—Mejor ven pronto, todos... te extrañan.
Karina soltó una carcajada sarcástica.
—¿De veras? No me lo creo. Han de estar deseando que desaparezca para siempre.
—Nadie quiere que desaparezcas para siempre, Karina. Al menos yo no.
Karina ya no quería seguir con esa plática por teléfono.
—Si regreso, solo sería una molestia para ustedes.
—No, no vas a molestar a nadie —replicó Orlando, un poco terco.
Eso sí que sorprendió a Karina.
—No es que yo cause problemas, pero mi presencia ya es problema suficiente.
Sin esperar respuesta, colgó la llamada. No quería enredarse más.
Cuatro años sin verlo y Karina sentía que Orlando había cambiado demasiado.
Antes, él jamás se mostraba tan atento, ni hablar de llamarla. Incluso cuando vivían bajo el mismo techo, comiendo en la misma mesa, apenas cruzaban dos palabras amables.
Siempre tenía esa actitud distante. A veces hasta parecía que le daba igual si ella existía o no.
Solo durante los primeros años de su llegada a la familia Reyes, él fue un poco más amable; igual y la cuidó, al menos un poco.
En ese entonces, Karina era ingenua. Cualquier gesto de amabilidad lo confundía con cariño y se ilusionaba sin remedio.
Ahora, al mirar atrás, entendía que todo era pura cortesía de ese círculo, una fachada de buenas maneras sin nada real detrás.
Por dentro, eran indiferentes. A veces hasta se notaba el fastidio.
Si no fuera así, cuando la echaron de la familia Reyes hace cuatro años, Orlando no habría actuado tan desentendido, tan indiferente a la situación.
Karina sabía perfectamente cómo era Orlando cuando de verdad le importaba alguien.
Se volvía atento, suave en sus palabras, siempre pendiente.
Lástima que ese lado solo se lo mostró a Olga Araya.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cenizas del Tiempo