Fruncí el ceño instintivamente cuando Simón me agarró del brazo, pero logré contener el impulso de soltarme de un tirón. Su mirada se quedó fija en mí, como si las palabras le pesaran tanto que no pudiera pronunciarlas. El silencio se extendió varios segundos hasta que, finalmente, su orgullo cedió lo suficiente para hablar.
—Mira, Luz... si te quieres arrepentir, adelante. Yo reconozco que me equivoqué primero. Todavía estás a tiempo de cancelar el divorcio.
Su mandíbula se tensó antes de continuar.
—Pero tendrías que disculparte con Violeta. No puedes tratarla así cuando está pasando por un momento tan difícil.
La indignación brillaba en sus ojos mientras recordaba el día anterior. Para él, mi negativa a donar sangre había sido una crueldad imperdonable. La demora en conseguir un donante compatible casi le cuesta la vida a Violeta. En ese momento, su furia había sido tan intensa que juró no querer verme nunca más.
"Pero aquí está", pensé con amargura, "ofreciendo otra oportunidad como si me estuviera haciendo un favor". Al verme hoy, había decidido que podía perdonar mi 'negligencia' si yo me arrepentía. En su mente, podrían enterrar el pasado y empezar de nuevo, vivir felices como si nada hubiera pasado.
Sus ojos revelaban su propia frustración. A pesar de mi supuesta crueldad, de haber "ignorado una vida humana", ahí estaba él, incapaz de dejarme ir después de su arranque de furia, ofreciendo otra oportunidad.
La bilis me subió a la garganta. Siempre con lo mismo, exigiendo que me disculpara con Violeta. Estuve a punto de mandarlo al demonio, de decirle que si tanto le preocupaban las disculpas, que fuera él mismo a pedirlas.
Me soltó bruscamente y se dio la vuelta para irse. Respiré profundo varias veces, recordándome que aún no tenía el certificado de divorcio en mis manos. No podía darme el lujo de correr tras él para decirle sus verdades.
Esperé unos minutos antes de salir, no quería encontrármelo de nuevo. Al cruzar las puertas del Registro Civil, vi a Gabi recargada contra su deportivo rojo, saludándome con el entusiasmo de quien ha ganado la lotería.
Me acerqué a ella con una sonrisa genuina. Aunque técnicamente el divorcio no era oficial, me sentía medio libre, y eso era motivo suficiente para celebrar. Pasamos los siguientes días festejando hasta que tuvo que volver a su grupo de investigación. Nos despedimos con la promesa de vernos pronto.
...
El timbre sonó justo cuando salía de la ducha. Pensando que era mi pedido de comida, fui a abrir sin molestarme en secarme el cabello.
No era la comida. Eran mis padres. Mi mirada se detuvo en Violeta, quien lucía más pálida que de costumbre. Arqueé una ceja. Así que sí había necesitado la transfusión, aunque no fuera tan urgente como dramatizaron. Típico de ella, siempre llevando su actuación al extremo.

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