ISABELLA
Luz y Oscuridad.
Los lycans representaban la fuerza superior, la máxima evolución.
Pero pasaban por un periodo de cambio donde la violencia de su parte animal se hacía peligrosa e inestable.
En nuestro reino de hombres lobos solo había cinco familias nobles de lycans y, por supuesto, los que estaban en la cima alimenticia: la familia real.
Ellos representaban la oscuridad que necesitaban la luz de las Serafinas.
No éramos la única manada bendecida por la Diosa.
Otras Serafinas existían, pero mi padre se aseguró de escalar a lo más alto: la familia real.
Preparó a Savannah toda su vida para eso.
Las Serafinas calmaban con su olor, con el tacto de sus cuerpos y su aura tranquilizadora para esas bestias.
Pero si la luz no podía vencer a la oscuridad… moriría asesinada, y los lycans de la familia real eran los más sanguinarios y salvajes, los más difíciles de domar.
Por primera vez no seguiría las órdenes. Yo tenía mis propios objetivos.
Quitarme la maldita restricción que puso para controlarme, fortalecerme en la Academia… y escapar.
Y haría lo que fuese necesario para lograrlo.
Incluso fingir y aguantar a ese príncipe insufrible.
*****
Sentada en el auto, miraba el paisaje pasar por la ventanilla.
Hoy era el día de partir y papá ni me dio una segunda mirada antes de enviarme como carne de cañón.
Elliot tuvo el descaro de espiarme entre los árboles cuando me marchaba en el coche.
Maldito cobarde.
"Sabes qué, ni te lamentes más por el idiota de Elliot. No la tenía tan grande, cuando hacía frío parecía un manisito… y esos movimientos de caderas… "mi loba chasqueó la lengua.
"Más soso que el agua con azúcar" reviró los ojos con dramatismo. "Debiste haberlo denunciado frente al Alfa."
No pude evitar que la curva en mi boca se moviera en una sonrisa.
Thera era lo mejor que me había pasado en la vida.
Sabía muy bien que tapaba la decepción con sarcasmo.
"¿Crees que mi padre perdería a su Beta por mí?" Suspiré con amargura.
"Posiblemente me acusarían de ser una puta y haberlo seducido. Ahora hasta sospecho que sabía la verdad de nuestra relación y lo mandó a golpearme para seguirme torturando"
Esa idea, no tan descabellada, se me pasó por la mente.
"Thera, olvídate de la manada y pórtate bien en la Academia, debemos pasar desapercibidas" le advertí, observando mi reflejo en el cristal y decidida a mirar solo hacia delante.
Llevaba una ropa informal.
Zapatillas cómodas, vaquero, con una camiseta blanca y una cazadora de mezclilla.
Mi cabello rubio recogido en una trenza alta y apenas unos toques de maquillaje para no verme tan pálida.
Mis ojos grises llenos de planes y cálculos secretos.
"Más le vale a ese princeso no ser un cabrón petulante" Thera resopló inquieta.
Ambas estábamos ansiosas por las cosas desconocidas que nos esperaban.
No le respondí y mi vista se perdió en el paisaje exterior.
El chofer de papá me llevaba por las autopistas, bordeando los territorios de las manadas.
Montaña de Plata estaba refugiada en una zona lejana y bastante intrincada, lo cual nos daba misterio y favorecía mi falsa identidad.
Durante horas estuvimos en camino, sin parar, hasta que atravesamos un bosque lleno de niebla y sombras.
A la luz del sol le costaba filtrarse por la pesada atmósfera.
Mi corazón bombeó con fuerza observando las enormes rejas imperiales que destacaban al final del camino.
El auto se detuvo.
—Srta. Savannah, hasta aquí se me permite llegar —el chofer me dijo con respeto.
—Bien —le respondí con sequedad, como mismo lo trataba mi hermana.
Bajé y él fue enseguida a darme la maleta.
La tomé en la mano con fuerza y caminé sin mirar atrás hacia mi nuevo desafío.
Los focos de luces se alejaron, el sonido del motor se perdió en la niebla y de pronto quedó un silencio inquietante.
"Para ser una Academia de riquillos bien podían poner unas bombillas que le den más vida a esto. Parece la entrada al inframundo."
"Thera, deja de parlotear y vigila el ambiente" le pedí, mientras mis ojos escaneaban entre los troncos oscuros.
El sonido de las rueditas en la maleta rodaba sin cesar sobre el camino de piedra.
Acercándome a la reja de varios metros de alto, un ruido llamó la atención de Thera.
"Siento a alguien pidiendo ayuda, ¡escuché un grito!" agregó de repente, en posición alerta.
"¿Por dónde?" le pregunté sin pensarlo mucho.
"¡Por allí!"
Caminé con prisas internándome en territorio inexplorado.
Tenía que quitarme la manía de ser una entrometida, pero aquí estaba, viendo de lejos a una chica colgando de un árbol.
—¡Ayuda! ¡Ayuda! —pataleaba a punto de caer.
La capucha de su sudadera se aferraba precariamente a una de las ramas.
—¡Espera, no va a aguantar! —corrí cuando escuché el sonido de fractura.
Solté la maleta y me abalancé para empujarla con mi cuerpo sobre el césped.
Iba directo a caer en unas rocas peligrosas.
—¡Aauch! —gimió dolorosamente al caer de golpe, y eso que yo me llevé la peor parte.
Era pequeña, de cabello oscuro y unos llamativos ojos verdes.
Me incorporé cuando se separó.
Siseé, adolorida por los latidos en mi tobillo derecho.
—¿Estás bien? —le pregunté, viéndola a mi lado.
—S-sí… —respondió con las mejillas de un rojo llamativo y la mirada baja, avergonzada.
—Me alegro… —intenté levantarme, pero al apoyar el pie, el aire salió bruscamente de mis labios.
—¿Estás herida? ¡Oh, por la Diosa, todo fue mi culpa! Vamos a la enfermería…
—Está bien, fue solo una torcedura —la tranquilicé porque estaba a punto de entrar en pánico y yo era la afectada.
Logré convencerla de que no necesitaba ir a la enfermería, caminé hacia mi maleta dejada a un lado y estaba dispuesta a marcharme.
—Espera, no te he dado las gracias —la escuché perseguirme.
—Soy Kiara, una Omega de la manada Tulipán Azul —estiró su mano pequeña y la estreché.
—Savannah Olivan —respondí sin dar más detalles, no quería atraer mucha atención hacia mí.
Echamos a andar de nuevo hacia la entrada.
—Muchas gracias por tu ayuda… yo tuve un accidente de primer día, ya sabes, las bienvenidas a los recién llegados —me dijo bajando la cabeza y con las orejas rojas.

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