AURELIUS KADEN
Los cráteres en el suelo están escondidos y pueden activarse a la menor presión.
Me pregunto cuándo se dará cuenta de que también es un veneno que confunde los sentidos.
Me tenso al verla sumergirse en una nube de gas tóxico.
Miska desaparece también entre la niebla.
Este campo está fabricado con la ayuda de la Academia de Magia, no me quedan dudas.
Los hombres lobo no somos las únicas criaturas sobrenaturales que habitamos en este continente y las cosas a veces se ponen tensas.
Los aliados pueden cambiar a enemigos por cualquier fricción.
Es importante aumentar nuestras fuerzas, por eso debo escoger a una buena Serafina para que me ayude.
Miska sale disparada corriendo hacia la penúltima prueba.
William resopla y escucho las murmuraciones y las apuestas.
“Apuesta por la rubia pequeñita”, me extraña el escuchar la voz ronca de mi lobo.
“¿Qué tanto interés tienes por ella? Posiblemente se desmayó en el gas…”
Me tengo que comer mis palabras cuando la niebla se revuelve y creo que saldrá alguna de las otras competidoras.
Sin embargo, capto el destello de mechones rubios y tenso mis dedos… me encuentro esperando a que sea esa hembra.
—¡Salió sin desmayarse, corre, nena, corre!
—William, cállate de una puta vez —resoplo de repente.
—Uf, cascarrabias…
—William, ven y siéntate, ¿qué tanto alboroto? —Darius lo hala del brazo y casi tiene que sentárselo en las piernas para controlarlo.
—William, ¿la quieres para ti? —la voz del estirado de Merl me hace fruncir el ceño.
Está acomodándose el cabello negro hacia atrás, con su actitud de intelectual y el palo tieso que no se quita del culo.
—No es mala idea, mírala qué inteligente, cómo se ha tapado la cara con la sudadera. ¡Me encanta esa rubia, corre, baby, corre!
Los rugidos de William han despertado también a las gradas, que comienzan a animarla.
Sí que ha sido inteligente y ahora sigue los pasos de Miska en el puente flojo que se eleva sobre trampas peligrosas.
Está casi llegando al final y los tablones del puente no están muy firmes que digamos.
La caída de varios metros puede aturdirte, incluso matar en un caso extremo.
Las Serafinas son recursos importantes y la idea no es perder a ninguna.
Aprieto los músculos de la mandíbula al ver que Miska se está moviendo más de la cuenta.
Crean el equilibrio con las manos estiradas, no hay de dónde agarrarse.
Detrás, otras chicas se suben también a la pasarela de la muerte.
El grito de una pelirroja se escucha al ser sacudida por la fuerza de los movimientos.
La hembra rubia oscila peligrosamente.
William ya no anima y se siente la tensión en el aire.
Las gradas están en silencio, como si no quisieran desconcentrarlas.
De repente, Miska hace una acción bastante arriesgada, pero que se quita de encima a la mayoría de las competidoras.
Comienza a correr por los tablones inestables y solo un paso en falso puede ser su final, pero, por supuesto, es una Alfa entrenada.
Varios soportes de madera se caen al precipicio y creo que hasta aquí llegó la proeza de esa lobita.
—¡No creo que vaya a hacer lo que me parece! —William se para de golpe y exclama.
Siento la adrenalina recorrer mis venas, como mismo lo debe estar viviendo ella.
Su velocidad siempre ha sido su mayor arma y la usa demasiado bien.
Corre también a lo suicida, casi en puntillas de pies, y cuando Miska se inclina para brincar a suelo firme, la hembra se apoya en su espalda y la salta como un caballo de gimnasia.
Creo que nadie se imaginó que hiciera esa locura.



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