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Compláceme, Papi romance Capítulo 220

Grace

Siempre me había preguntado quién era la asesina y, en las noches en que no lograba dormir, imaginaba su cara. Creaba distintas versiones en mi mente y me preparaba para cualquier desenlace posible, repitiéndome que, fuera quien fuera, no me sorprendería. Sabía que podía ser cualquiera. Una desconocida. Una enemiga. Incluso alguien cercano. Me había preparado para que la traición viniera de cualquier parte.

Pero jamás imaginé que pudiera ser ella.

Había sabido ocultarse demasiado bien. Había conseguido parecer tan común, tan corriente, que a nadie se le habría ocurrido prestarle mayor atención. Se mantenía cerca de nosotros, se movía entre nosotros, trabajaba con nosotros y nos sonreía. Así de segura se sentía. Así de poco miedo tenía. Era de esas mujeres que se creían intocables, de las que pensaban que podían sembrar el caos y seguir sentadas con elegancia en medio de todo sin ensuciarse las manos.

Y ahora estaba de pie frente a mí.

Siempre había pensado que, si alguna vez descubría quién era la asesina, no dudaría. Me imaginaba acercándome a ella y arañándole la cara hasta hacerla sangrar, hasta que sintiera aunque fuera una mínima parte del dolor que había causado. Me imaginaba gritando, derrumbándome y perdiendo el control. Pero no hice nada de eso.

Solo me quedé ahí, inmóvil, con el cuerpo rígido y la mente extrañamente despejada.

La mujer me observaba mientras se le iba haciendo una sonrisa. Sus ojos azules brillaban con burla, como si toda aquella situación no fuera más que un entretenimiento para ella.

—Bueno —dijo con ligereza, inclinando la cabeza—, un gusto conocerte como es debido.

—Así que eres tú. Sarah... jefa del departamento de ventas —dije, obligándome a pronunciar su nombre, con el ceño fruncido y los puños bien apretados a los costados.

—No —dijo tras reír, casi encantada, y hacer un gesto desdeñoso con la mano. Se echó hacia atrás el cabello rubio con elegancia—. No me llames Sarah, cariño.

Detrás había cinco hombres corpulentos, y uno de ellos se adelantó para colocar una silla en el centro. Ella se sentó despacio, cruzó una pierna sobre la otra con elegancia y se reclinó como si fuera la dueña del lugar. La pistola descansaba en su regazo, y ella la rozaba distraídamente con los dedos. Su sencilla camisa blanca y sus pantalones de vestir a la medida le daban un aspecto pulcro y autoritario, como si nunca en la vida hubiera perdido el control de nada.

—Ese —continuó con desenvoltura, mirándome a los ojos— no es mi nombre. Nunca lo fue. Me convenía.

—Llámame Eloise. —Su sonrisa se acentuó.

Eloise.

El nombre resonó en mi mente y despertó un recuerdo lejano. Entrecerré ligeramente los ojos, tratando de ubicarlo.

¿Por qué me sonaba familiar ese nombre? ¿Por qué sentía que ya lo había oído en alguna parte?

—Te suena familiar, ¿verdad? —La voz de River rompió la tensión, como si hubiera leído en mi expresión que empezaba a reconocer aquel nombre.

Asentí despacio sin apartar la mirada de ella. La sonrisa burlona de Eloise se ensanchó, y había algo casi orgulloso en su expresión, como si disfrutara que su verdadero nombre me confundiera.

—Es Eloise. La exesposa de mi tío —dijo River con voz tensa, tras adelantarse un poco.

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