Regresaron al carro. Renata seguía molesta, y al ver a Aitana absorta en su celular, pensó que estaba triste. Sin pensarlo, se lanzó hacia ella y la abrazó con fuerza.
—Aitana, no te preocupes, todo va a estar bien.
Aitana sintió una mezcla de ternura y gracia al ser abrazada tan efusivamente, pero pronto el dolor en su omóplato se hizo presente, y no pudo evitar soltar un pequeño gemido.
—¿Qué pasa? ¿Te duele algo?
Desde que se había casado, Renata no había visto llorar a Aitana, así que se asustó al instante.
Aitana frunció el ceño.
—Nada, es el hombro. Me duele un poco.
Renata se quedó pasmada por un momento, recordando que hacía poco Salvador había estirado su brazo justo hacia la zona del omóplato de Aitana. Con la calefacción encendida en el carro, Renata no dudó en jalar el cuello de la camisa de Aitana y, al ver el interior, sus ojos se llenaron de lágrimas. El área sobre el omóplato de Aitana estaba completamente amoratada. Salvador había entrenado en su juventud, y su fuerza era considerable. Aitana tampoco era débil, pero cuando él la había sujetado, usó tanta fuerza que terminó lastimándola. La piel de Aitana era muy clara, cualquier golpe se notaba demasiado, y ahora el moretón se veía espantoso.
—¡Qué bola de desgraciados! ¡Malditos! ¡Son unos animales!
Renata estaba furiosa. Mientras Aitana todavía no reaccionaba, Renata ya había comenzado a llorar de rabia.
—Ya, tranquila, no pasa nada. Con un poco de pomada estaré bien.
Aitana intentó calmarla, pero al ver que Renata seguía muy afectada, sacó su celular y se lo mostró.
—Mira esto.
Con lágrimas aún en los ojos, Renata miró la pantalla, y sus ojos se iluminaron de sorpresa y alegría.
—¿No que habías borrado las fotos?
En la pantalla del celular estaban las fotos de Rodrigo y Guadalupe en actitudes comprometedoras que Salvador había obligado a borrar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el amor murió
Hola bendiciones, muy buena la novela, muy emocionante esperpoder terminarla, gracias...