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¿Cuidar a tu amante? ¡Quiero el divorcio! romance Capítulo 9

Elena no respondió, o más bien, decidió ignorar su comentario.

Simplemente se quedó mirándolo, esperando a que él hablara de nuevo.

Le estaba exigiendo un compromiso, una postura clara.

No le importaba si cumpliría esa promesa o si solo intentaba salir del paso.

Pero en ese momento, necesitaba una respuesta.

A Federico no le quedó más remedio que dejar clara su posición:

—Selene es mi esposa; cumpliré con mi responsabilidad.

Fue entonces cuando Elena asintió.

—Bien.

Se dio la vuelta y retomó su camino, con Federico siguiéndole el paso. Tras un par de segundos de silencio, él le preguntó:

—¿Está segura?

—Es una suposición —admitió ella.

Federico se quedó sin palabras. ¿Acaso su suegra solo había inventado esa excusa para darle una lección?

Aunque, a decir verdad, era la primera vez que ella le llamaba la atención de esa manera.

El rostro de Federico se ensombreció.

Pero Elena añadió:

—Ustedes están casados, deberías saber la respuesta mejor que yo.

Esas palabras lograron que el rostro de Federico se volviera aún más sombrío, aunque solo respondió:

—Entendido.

No cruzaron ni una palabra más; en el pasillo solo resonaba el eco de sus pisadas.

Pero la mente de Federico daba vueltas: ¿Cuándo había pasado?

¿Acaso era posible?

Sus pensamientos viajaron al pasado.

Hacía poco más de un mes, él y Selene... habían intimado.

Ella había sido como una gatita aferrada a su pecho, imposible de alejar.

Así que... ¿fue aquella vez?

Federico frunció el ceño.

Pero de repente pensó que todo aquello era solo una suposición de Elena; a lo mejor, Selene realmente estaba enferma.

Si de verdad estuviera embarazada, ¿por qué no se lo habría dicho en vez de estar haciéndole berrinches?

Conociendo el carácter de Selene, si realmente esperara un hijo suyo, lo habría anunciado a los cuatro vientos, e incluso habría organizado una gran fiesta para celebrarlo.

Entonces, ¿no lo estaba?

Federico dejó escapar un suspiro de alivio.

Selene, por su parte, ya estaba perdiendo la paciencia; no pudo evitar levantarse, justo cuando los vio acercarse.

Elena fue la primera en hablar:

—Váyanse a casa y tengan cuidado en el camino.

—Mamá dijo que estás embarazada.

Las pupilas de Selene se dilataron; el impacto fue absoluto.

¿Su madre lo había adivinado?

¿De verdad las mujeres experimentadas eran tan intuitivas?

Selene abrió la boca para responder, pero para su sorpresa, Federico se le adelantó.

—¿No tomaste la pastilla la última vez?

Sus ojos desprendían una frialdad y escepticismo evidentes, mezclados con fastidio.

Aquello destrozó por completo el sí que Selene tenía en la punta de la lengua.

Selene apartó su mano de un tirón y desvió la mirada, incapaz de seguir viendo ese rostro.

Aquel rostro tan familiar, que tanto le gustaba, y que llevaba años tatuado en su corazón.

Unos segundos después, Selene le respondió con total frialdad:

—Sí la tomé.

Ante eso, Federico se quedó mudo.

Pero, aunque Selene no lo estuviera mirando, pudo sentir cómo él, de alguna manera, soltaba un suspiro de alivio.

En ese momento lo entendió: Federico le había tendido una trampa con esas palabras.

Si Elena hubiera estado tan segura y lo hubiera confirmado, ellos no estarían sentados en el auto discutiendo el asunto.

Selene sonrió con amargura. Resultaba que el esposo que tanto amaba no quería, bajo ninguna circunstancia, que ella estuviera embarazada.

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