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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1179

Las palabras de Tobías lograron reconfortar el corazón de Belén, llenándolo de una cálida tranquilidad.

Sus ojos se cristalizaron sin que pudiera evitarlo, y lentamente levantó los brazos para corresponderle el abrazo.

Tobías la apretó aún más contra él y le dijo, con un tono que sonaba casi a súplica:

—Pase lo que pase, lo enfrentaremos juntos, ¿está bien?

Belén hundió el rostro en el pecho de Tobías y asintió:

—Está bien.

En el estacionamiento subterráneo, Fabián no se movió hasta que el auto de Tobías desapareció por completo de su vista. Solo entonces llevó la mano a su bolsillo para sacar su cajetilla de cigarros.

Al tomar la cajetilla, se dio cuenta de que su mano temblaba; temblaba tanto que ni siquiera lograba sacar un cigarro.

Cuando por fin logró sacar uno, intentó encenderlo, pero por más que accionaba el encendedor, no salía ninguna llama.

En ese momento, una frustración irracional se apoderó de él. Con un movimiento brusco, lanzó el encendedor contra el suelo con todas sus fuerzas.

Tras un fuerte estallido, el encendedor quedó destrozado en mil pedazos sobre el concreto.

Fabián apretó el puño con violencia, aplastando el cigarro que sostenía en la mano.

Justo entonces, como si algo de pronto cruzara por su mente, su mirada se volvió gélida. Levantó la mano y se dio a sí mismo una fuerte bofetada en el rostro.

El golpe fue tan brutal que sintió que veía estrellas.

Tras unos segundos tratando de recuperarse, se apoyó pesadamente contra una columna y bajó la cabeza, dejando que las lágrimas cayeran de sus ojos.

Al recordar la actitud que Belén acababa de mostrarle, por fin tuvo que aceptar la realidad: ella de verdad parecía haber dejado de amarlo.

Pero aunque ya no lo amara, no permitiría que estuviera con Tobías.

Costara lo que costara, mientras no se hubieran divorciado, ella siempre sería su mujer.

Con ese pensamiento en mente, Fabián se irguió lentamente, se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y sacó su celular del bolsillo.

Sin dudarlo un segundo, marcó el número de Leonel.

Respondieron de inmediato al otro lado de la línea:

—Sr. Fabián, ¿qué sucede?

Fabián apretó los labios y, con una voz lúgubre y sombría, ordenó:

—Mándame el reporte de compatibilidad.

Leonel dudó por un momento, intentando recordarle sutilmente la situación:

Capítulo 1179 1

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