Si él estaba dispuesto a donar, entonces Hugo Navarro se salvaría.
Belén, siendo estudiante de medicina, entendía a la perfección la gravedad del asunto y sabía que la única esperanza de Hugo residía allí.
Habían buscado incansablemente entre todos sus conocidos, e incluso habían movilizado a personas ajenas para hacerse las pruebas de compatibilidad.
El resultado era obvio: no hubo coincidencia alguna.
Pero a Belén jamás se le cruzó por la mente que Fabián pudiera ser el donante compatible.
Al recibir esa noticia, toda la ansiedad y el miedo que la habían consumido durante el día se desvanecieron en un instante.
Tras cinco años de matrimonio, ella lo conocía lo suficientemente bien.
Si no hubiera tenido una carta bajo la manga para aplastarla, no la habría dejado ir tan fácilmente en el estacionamiento ese mediodía.
Aferrando su celular con fuerza, Belén se quedó paralizada durante mucho tiempo. Quería llorar a gritos, pero descubrió que no le salía ni una sola lágrima.
Sin embargo, la esperanza de salvar a Hugo estaba justo frente a ella. ¿Cómo podría dejarla escapar?
Así que, finalmente, le escribió en la ventana de chat:
—¿Qué quieres decirme con esto?
Esta vez, Fabián respondió casi al instante:
—Ven a Vivienda Vista Clara.
Al leer esas palabras en la pantalla, Belén sintió un dolor inexplicable punzándole el pecho.
Pero, al final, tomó su decisión. Tenía que ir.
Su intención original era que Tobías la acompañara, pero para su sorpresa, un nuevo mensaje de Fabián llegó rápidamente:
—Quiero que vengas sola.
Al contemplar esas frías y cortantes palabras, se quedó atónita por un largo rato.
Pero, fuera como fuera, salvar a Hugo era la prioridad absoluta.
Por eso había tomado esa determinación.
Y sabiendo que Tobías jamás le permitiría ir a ver a Fabián a solas, tuvo que recurrir a esa pequeña mentira.
Vivienda Vista Clara estaba a poca distancia del edificio de Alejandra. El tiempo de una visita rápida sería suficiente.
Tras salir por la puerta lateral, Belén rodeó hacia la salida trasera del complejo. En cuanto estuvo en la calle, levantó la mano para detener un taxi. Después de darle la dirección al chofer, comenzó a mirar a través de la ventanilla.
Tobías estaba de pie no muy lejos de allí, frente a la entrada del complejo, dándole la espalda al flujo de autos y personas que pasaban.
Mientras el taxi aceleraba, la mirada de Belén permaneció fija en la espalda de Tobías.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....