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De esposa engañada a millonaria casada con poder romance Capítulo 56

Capítulo 56

Don Jiménez nunca confió del todo. Incluso antes de morir, dejó un testamento en el que ordenaba a su esposa cuidar los bienes de la familia, temiendo que Alejandro y Laura volvieran a estar juntos.

Marina tardó un buen rato en reaccionar. Luego tomó todas las fotos y las revisó una por una con detenimiento.

No tardó en descubrir que no habían sido tomadas en cualquier lugar, sino dentro de la mansión de Alejandro.

Laura no solo había regresado, sino que estaba viviendo allí.

Esa noche, cuando Laura llegó a casa, lo primero que vio en la entrada fue un par de tacones, pero se notaban que no eran de Camila.

Su instinto se activó de inmediato. Estaba por darse media vuelta cuando una voz fría la detuvo.

—Vaya, cuánto tiempo sin verte, Laura. ¿Desde cuándo vives aquí? ¿No pensaste en saludarme siquiera?

Laura sintió un escalofrío, se quedó paralizada, sin atreverse a moverse, hasta que por fin levantó la mirada con los labios temblorosos.

Frentea ella apareció Marina, envuelta en un chal, con la mirada tan fría y venenosa que parecía atravesarla.

Laura respiró hondo, el sudor le corría por la espalda. Tragó saliva antes de hablar:

—Señora Marina, no me malinterprete. Yo estoy aquí por...

—Laura, sigues siendo la misma de siempre—la interrumpió Marina, avanzando con paso lento—.

Tan descarada como antes.

—Señora Marina.

El rostro de Laura se ensombreció, pero antes de poder responder, un bofetón resonó en la habitación.

El golpe fue tan fuerte que soltó un grito, llevó una mano a la mejilla y la miró con incredulidad.

Las empleadas se acercaron, pero ninguna se atrevió a intervenir con Marina allí.

En ese momento, desde el piso de arriba se

que la tiró al suelo.

—Alejandro es mi hijo, en esta casa no mandas, y menos una descarada que se olvidó de la ética y solo sabe seducir hombres.—rugió Marina, perdiendo todo control.

Desde que supo que Laura estaba viviendo allí, ¡lo único que quería era destrozarla con sus propias manos!

¿Cómo era posible que, después de tantos años, esa mujer siguiera rondándolos como un mal espíritu?

¿Quería arrastrar a Alejandro y a toda la familia Jiménez a la ruina?

—¡Señora Marina! ¡Alejandro y yo nos amamos de verdad! ¿Con qué derecho nos separan?

—¡Paf!

Laura apenas se había incorporado cuando recibió el segundo golpe. La otra mejilla se le hinchó de inmediato.

—¡Te largas ahora mismo! No me importa qué plan tengas, pero si te vuelvo a ver cerca de Alejandro, ¡juro que haré lo que sea necesario para borrarte de Puerto Azul!

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