Capítulo 74
Gabriel no pudo evitar posar la mano en la mejilla de la mujer, apartándole con suavidad unos mechones desordenados. Luego le retiró la mano que ella tenía aferrada a la suya y la acomodó bajo la manta.
Pero apenas se calmó un instante, volvió a moverse, inquieta por algo que estaba soñando.
Esta vez incluso parecía a punto de llorar.
Gabriel acababa de quitarse la camisa para ducharse en la habitación de al lado. En cuanto escuchó el ruido, regresó rápido a la cama.
Camila, como si algo la hubiera aterrorizado, se lanzó hacia él y lo abrazó de golpe, apretándose contra su torso desnudo Ella ardía como un pequeño brasero, mientras que él seguía con el cuerpo helado por la lluvia. Ese choque de temperaturas los sacudió a ambos y ella soltó un leve quejido.
Camila terminó despertando. Las pestañas empapadas de humedad temblaron un instante antes de que su mirada comenzara a enfocar.
Su mente seguía nublada. Le costó reaccionar dónde estaba y qué hacía ahí. Solo sentía que lo que estaba tocando era firme, frío, sólido, tan agradable que...
Tan agradable que solo podía ser piel humana.
—Camila.
Gabriel sintió que sus manos andaban por donde querían, recorriéndole el torso, y la llamó de inmediato.
En ese segundo, por fin volvió del todo en sí.
—¿Gabriel?
Dio un brinco y salió disparada de su cuerpo.
Estuvo a punto de caer de la cama, pero él la sujetó del brazo con rapidez.
Aun así, terminaron los dos cayendo sobre el colchón, uno encima del otro.
Por suerte, Gabriel tenía equilibrio de sobra. Se afirmó con una mano junto al cabello de Camila, encerrándola por completo bajo su sombra Las pupilas de Camila vibraron. En su campo de visión solo había una extensión infinita de músculos.
De por si Gabriel siempre daba la impresión de tener un físico impecable. Pero ahora, con el torso totalmente desnudo, cada línea se marcaba con una claridad que casi dolía verlo.
Los pectorales, los abdominales, la cantidad de cuadros perfectamente delineados que la dejaron sin aliento.
Y lo peor, tenía el cinturón medio abierto, y el pantalón le caía un poco. Desde la cintura hasta la línea marcada que bajaba a la zona de la pelvis, todo estaba peligrosamente expuesto ante ella.

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