Capítulo 73
Tan adolorida y aun así trabajando hasta la medianoche.
—Perdón por molestarlo.
Camila estaba recargada en el pecho del hombre, con la respiración apenas perceptible.
Ya no tenía fuerzas. Pero, sin saber por qué, el cuerpo de Gabriel se sentía tan cálido, tan cómodo, que al abrazarla así el dolor parecía menos intenso que hace un momento.
—No tienes por qué disculparte.
—Solo pude contactarme contigo.
Camila murmuró como si hablara dormida, con una voz tan débil que costaba distinguirla.
Gabriel escuchó cada palabra y sintió un vuelco incómodo en el pecho. Se arrepintió de haber sido tan brusco antes.
—Es normal que me busques —dijo con voz baja, mucho más suave.
Afuera caía un aguacero. Gabriel había salido de
prisa y no llevaba paraguas. Solo pudo cubrir a Camila con su abrigo y llevarla rápido hasta el auto.
Él terminó empapado de pies a cabeza.
Por suerte, Camila estaba tan agotada que se quedó dormida apenas subió al auto.
Gabriel observó su rostro tenso, respiró hondo, le acomodó una manta y llamó a las empleadas.
Ordenó preparar agua caliente, analgésicos y un cuarto listo.
Hace un momento Camila había dicho que quería ir a casa y le dio una dirección, pero Gabriel ni la escuchó. Con su estado, jamás la dejaría sola.
Al llegar a la mansión, Gabriel la llevó directo a la recámara. Las empleadas ya tenían todo preparado y enseguida la ayudaron a lavarse y cambiarse.
Gabriel se quedó afuera, esperando. Solo cuando el médico terminó de revisarla volvió a entrar.
—¿Cómo está?
Al ver que Camila aún tenía una fina capa de sudor en la frente, Gabriel le tocó con el dorso de la
mano. Ya no estaba tan caliente. Entonces tomó un pañuelo y le limpió un poco la cara.
El gesto no fue precisamente delicado, pero para los que lo veían era algo extraordinario.
¿Gabriel cuidando a alguien?

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