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De la boda inesperada, nace el amor irresistible romance Capítulo 1

Una noche de verano, los nubarrones se acumulaban en el cielo.

Parecía que se estaba gestando una tormenta.

De repente, un relámpago rasgó el firmamento, ¡y los truenos retumbaron con fuerza!

La lluvia llegó de golpe y con furia, las gotas, gruesas como canicas, golpeaban el suelo con un repiqueteo incesante.

Estrella caminaba sola con su paraguas por una calle mal iluminada, pisando los charcos con torpeza.

Tenía los zapatos empapados y los dedos de los pies tan entumecidos por el agua que ya no los sentía.

Las farolas de esa calle se habían dañado hacía un par de días, así que todo estaba a oscuras.

A Estrella le daba miedo la oscuridad, por lo que todos sus nervios estaban en máxima tensión.

El sonido caótico de la lluvia, mezclado con el de unos pasos sigilosos, llegó a los oídos de Estrella.

Instintivamente, se mordió el labio y sus músculos se tensaron de inmediato.

Apretó con fuerza el mango del paraguas hasta que el plástico duro le dolió en la palma de la mano.

El sonido de los pasos chapoteando en el agua se acercaba cada vez más...

El miedo le erizó el vello de la nuca. Apresuró el paso, sin atreverse a mirar atrás.

Sacó el celular con manos torpes. El viento salpicaba gotas de lluvia sobre la pantalla.

Sin prestarles atención, extendió sus dedos rígidos y, por puro instinto, marcó el número de su prometido, Nicolás.

Se pegó el teléfono a la oreja con fuerza.

El teléfono sonó y sonó, pero nadie contestaba, mientras los pasos ya estaban casi encima de ella.

Las lágrimas de miedo temblaban en los ojos de Estrella mientras rogaba en su interior que Nicolás contestara.

Justo cuando la llamada estaba a punto de cortarse, del otro lado se escuchó un bullicio de voces y cantos.

A Estrella se le desbordaron las lágrimas.

Su voz se quebró por el llanto: —Nicolás… ¡Alguien me está siguiendo! Tengo mucho miedo, ¿puedes venir a buscarme?—.

El viento le azotó la cara con ráfagas de lluvia.

Estrella apretó el celular, sintiendo como si la sangre se le helara en las venas.

Verónica le acercó una copa a Nicolás: —Nico, hoy es mi cumpleaños. Me prometiste que lo celebrarías conmigo. Si no te tomas esta copa, me estarás despreciando a mí, tu amiga especial—.

Nicolás escuchaba el sonido del aguacero al otro lado de la línea.

Por un momento, dudó.

Verónica, al notarlo, lanzó otro golpe: —Todos te están viendo. Quedarías muy mal si nos dejaras plantados solo para ir a buscar a alguien—.

Sin importarle en lo más mínimo la vida o la muerte de su prometida, Nicolás respondió:

—Está bien, está bien, me la tomo—.

Al ver que Nicolás se bebía la copa de un trago, Verónica soltó una carcajada: —¡Así me gusta!—.

Con total indiferencia, Nicolás le dijo a Estrella por teléfono: —Estre, tomé alcohol y no puedo manejar. Mejor pide un taxi para volver—.

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