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De la boda inesperada, nace el amor irresistible romance Capítulo 2

Dicho esto, Nicolás colgó y tiró el celular a un lado.

—¡¡NICOLÁS!!—, gritó Estrella, casi perdiendo el control. Pero su única respuesta fue el silencio de la llamada cortada.

Nicolás era dos años mayor que ella y habían crecido juntos.

En la escuela, era él quien la cuidaba.

Cuando sus padres murieron y otros se burlaban y la maltrataban, fue Nicolás quien la defendió, obligando a quienes la molestaban a disculparse.

Cuando estuvo inconsciente por una fiebre alta, fue él quien la cuidó toda la noche.

Pero desde que oficializaron su relación hacía un año, todo había ido de mal en peor.

Nicolás tenía una amiga desde la preparatoria llamada Verónica, que se jactaba de ser muy relajada y de no llevarse bien con las chicas.

La relación entre ellos dos sobrepasaba todos los límites, y Estrella se lo había advertido a Nicolás en más de una ocasión.

Pero Verónica siempre estaba ahí para echar leña al fuego, y Nicolás nunca se ponía de su lado.

La acusaba de ser desconfiada, de buscar problemas donde no los había y de comportarse como una niña mimada.

Habían discutido innumerables veces por culpa de Verónica.

Pero, consciente de la deuda que tenía con la familia Abundio, siempre era ella la primera en ceder y disculparse después de cada pelea.

La llamada cortada le heló el corazón.

Justo cuando se disponía a llamar a la policía, una mano grande la agarró bruscamente del brazo.

El paraguas y la bolsa que llevaba se le cayeron de las manos…

Un relámpago feroz iluminó el cielo, y por un instante todo se vio tan claro como si fuera de día.

Fue entonces cuando Estrella pudo ver al hombre que tenía delante:

Llevaba un impermeable negro, su rostro era tosco y su expresión, vulgar y lasciva, con una sonrisa descarada.

—¡BUM!—.

Un trueno ensordecedor retumbó, como si quisiera reventarle los tímpanos.

La lluvia caía a cántaros, y el viento aullaba como una bestia salvaje abriendo sus fauces para devorarla.

Del vehículo bajó un hombre alto y de figura imponente, vestido con un traje negro de confección impecable. Sus rasgos profundos eran definidos y severos, y emanaba una autoridad natural.

Su espigada figura llegó hasta el hombre del impermeable en un abrir y cerrar de ojos.

¡Lo agarró por el cuello de la ropa!

La fuerza con la que lo sujetaba hizo que sus nudillos crujieran y las venas de su mano se marcaran.

Su rostro estaba sombrío, y sus ojos, normalmente fríos, ahora ardían con una furia asesina.

Era una ira incontenible, siniestra y aterradora.

El hombre del impermeable era un cobarde que solo aparentaba ser rudo, y en ese momento estaba muerto de miedo.

El recién llegado le dio un puñetazo en la cara, haciendo que sangre y dientes salieran volando.

Como si no fuera suficiente para calmar su furia, le dio una patada en el estómago.

—¡Ay! ¡Ay!—. El hombre del impermeable rodó por el suelo, agarrándose el estómago y gritando de dolor, como si se le fueran a descolocar los órganos.

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