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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 18

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Alana jamás esperó que una persona como ella entrara en pánico o pidiera perdón de rodillas, así que respondió con total calma:

—No hay ningún luego. Solo vine a decirte que ya lo sé todo.

Mantuvo su mirada fija en Yara, hasta que esta finalmente mostró un atisbo de nerviosismo. Yara sacó su chequera, firmó un cheque y se lo aventó.

Alana miró la cantidad y no pudo evitar reírse.

—¿Tan tacaña eres? Ya no sé si pecas de ingenua o de ignorante, señorita Lozano.

Yara sonrió apretando los dientes:

—Entonces dime, ¿qué demonios quieres?

—Lo que hiciste es un delito —dijo Alana sin rodeos—. Y los que cometen un delito deben enfrentar a la justicia. Eres doctora, ¿de qué te sirvió estudiar tanto si no sabes ni lo básico?

Yara soltó una carcajada burlona, se puso de pie y acortó la distancia entre ellas:

—¿Dices que cometí un delito? ¿Tienes pruebas? ¿Se te olvidó que el laboratorio de la universidad está patrocinado por TecnoNúcleo?

»Cualquier rastro tuyo ya fue eliminado. ¿De verdad crees que la familia Lozano te va a dejar hacer un escándalo que manche a la corporación o a TecnoNúcleo?

Se inclinó aún más y le susurró:

—¿Acaso no te he dicho quién es mi tío, Caleb Lozano? Él es el ministro del Departamento de Seguridad Nacional. Para él, aplastar a alguien como tú es tan fácil como pisar una hormiga.

El nombre de Caleb Lozano no le era desconocido a Alana. Al contrario, lo tenía muy grabado.

En sus años de universidad, la amenaza favorita de Yara era que haría que Caleb la expulsara.

Desde entonces había entendido perfectamente que Caleb Lozano era el muro de hierro que le permitía a Yara hacer lo que le diera la gana.

—Deberías sentirte honrada de trabajar para mí, ¿te queda claro? —dijo Yara, dándole dos palmaditas en la mejilla a Alana.

Alana la fulminó con la mirada, apretando los dientes sin decir una palabra.

—Así me gusta —sonrió Yara, saboreando su victoria—. Vuelve a ser como antes, mantén la boca cerrada y no te hagas la valiente.

»Si te portas bien, puede que me apiade de ti y te deje entrar a TecnoNúcleo como mi asistente, para que sigas jugando a ser investigadora.

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