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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 17

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Lisandro la miró con absoluta frialdad:

—¿Crees que no sé cómo le hacías la vida imposible a Yara en la universidad? Como yo no te hacía caso, te desquitabas con ella. Y ahora resulta que quieres volver a lo mismo, ¿verdad?

Alana se quedó paralizada, tan impactada que no supo qué responder.

Era evidente que Yara, aprovechándose de que sabía de su amor secreto por Lisandro, la había acosado brutalmente durante todo un año.

Ese infierno solo terminó cuando Alana recibió una beca anticipada y se fue de la universidad.

Y antes de irse, Yara le había preparado un último regalo inolvidable que la convirtió en el hazmerreír de todo el campus.

¿Y ahora resulta que ella era la resentida que maltrataba a Yara por despecho?

No necesitaba ser adivina para saber que él se había tragado enterita la versión de Yara.

—Lisandro, vivimos juntos bajo el mismo techo por tres años. ¿De verdad crees que soy esa clase de persona? —le recriminó.

Lisandro se quedó en silencio por unos segundos.

Durante esos tres años, Alana lo había cuidado con una dedicación absoluta.

Al principio, él era como un animal herido, descargando su furia por la injusticia de la vida contra cualquiera que se le cruzara en el camino.

Él la había insultado, humillado, e incluso llegó a lastimarla aventándole cosas.

Hasta el día de hoy, Alana aún tenía cicatrices que no se borraban.

Y a pesar de todo, ella jamás le levantó la voz. Siguió cuidándolo con infinita paciencia, dándole ánimos y acompañándolo en su dolorosa rehabilitación.

Al recordar todo esto, Lisandro suavizó la expresión, le puso las manos en los hombros y le dijo con voz grave:

—Eres la mujer con la que elegí pasar el resto de mi vida. Hace mucho que acepté todo de ti.

Alana se quedó sin palabras y soltó una risa amarga.

Resulta que encima le tenía que dar las gracias.

—Alana —le dijo él con tono paternal—, la mujer que tengo enfrente me parece una completa desconocida. Yo me enamoré de la muchacha buena y noble que iluminó mi vida. ¿Me entiendes?

Ella forzó una sonrisa llena de decepción y le contestó:

—Cuando la luz ilumina un charco de lodo, sigue siendo lodo.

Le apartó las manos de un manotazo, dio un paso atrás y levantó los brazos en señal de rendición, sin dignarse a decir una sola palabra más.

Lisandro tensó la mandíbula, mirándola con furia contenida:

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