Axel soltó una risa sarcástica.
—Por poco tiempo.
En ese momento, Alana se acercó y preguntó en voz baja:
—¿Quién es?
Axel gesticuló en silencio: "La escoria de tu marido", y le pasó el celular.
Alana se lo llevó al oído.
—¿Qué quieres?
—No te pases de lista, Alana —atacó Lisandro, destilando veneno en cada palabra—. Aún no firmamos los papeles y ¿ya estás metiendo a tu amante de repuesto a contestar tus llamadas?
Alana mantuvo una expresión inalterable.
—Eso no es de tu incumbencia.
—Sigues siendo mi esposa, ¿cómo que no me incumbe? ¿Dónde estás y qué diablos estás haciendo? Voy para allá ahora mismo —exigió Lisandro, conteniendo la rabia.
Alana levantó la vista hacia el letrero brillante que decía "Quirófano" y respondió con una calma pasmosa:
—Hoy es mi cumpleaños. Estoy a punto de celebrarlo.
Al otro lado de la línea, la voz de Lisandro se apagó de golpe.
Ella sonrió con amargura, sin sorprenderse.
—Dime una cosa, ¿de verdad consideras tu esposa a una mujer a la que ni siquiera crees que vale la pena felicitar por su cumpleaños?
El tono de Lisandro bajó considerablemente.
—Alana, hay cosas que son urgentes y otras que pueden esperar. Tenemos toda la vida por delante; habrá muchísimos cumpleaños más para celebrar juntos.
Alana soltó una carcajada.
¿Toda la vida soportando sus migajas? Sonaba como una condena de muerte.
Aunque sabía perfectamente la respuesta, no pudo evitar ponerlo a prueba.
—Una vida entera es demasiado tiempo, Lisandro. Yo solo quiero el presente. Si de verdad no quieres divorciarte, ven aquí ahora mismo y tal vez lo reconsidere.
Lisandro se quedó en blanco.
—...
Por primera vez, Alana supo lo que era un silencio ensordecedor. Sonrió y dejó escapar un largo suspiro, liberándose de toda esa angustia acumulada.
—Es una broma. Supongo que me llamaste por el historial de tus terapias. Lo dejé en el segundo cajón del librero, en el estudio.
—Alana, escúchame...
—Ya no hay nada que decir. Terminemos esto por las buenas. Si seguimos así, vamos a terminar odiándonos —lo interrumpió con frialdad—. Si alguna vez sentiste un mínimo de gratitud por lo que hice por ti, te pido que colabores con los trámites del divorcio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía