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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 24

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Las aplicaciones comenzaron a mandarle notificaciones de felicitaciones, y un evento asomó en su calendario:

"Celebrar mi cumpleaños con Lisandro".

Sintió una paz absoluta. Dejar de aferrarse a algo que no valía la pena le había quitado un peso enorme de encima.

En ese momento, leyó el mensaje que Rosa le había mandado de madrugada.

[Lanita, hoy es tu cumpleaños. ¡Muchas felicidades! Si no estás muy ocupada, ¿crees que podrías venir a cenar a casa? Tu papá es muy tímido para pedírtelo directamente, pero él, tu hermanita y yo te extrañamos mucho].

Alana había perdido a su madre cuando era muy pequeña y su padre la crio solo. Fue hasta que ella creció que él decidió casarse con Rosa. La media hermana de Alana ahora tenía nueve años y era una niña adorable y muy lista.

Al pensar en ellos, se le cristalizaron los ojos. Con un nudo en la garganta, respondió:

[Muchas gracias, Rosa. Hoy tengo el día repleto en el trabajo, así que no podré ir. Por favor, mándale un beso enorme a mi papá de mi parte].

Apenas bloqueó la pantalla, la puerta se abrió. Era Axel, sosteniendo un pequeño pastel con una vela encendida mientras cantaba el "Feliz Cumpleaños" a todo pulmón.

Axel no tenía ni una gota de talento musical. Siempre decía que prefería morir antes que cantar frente a otros, ni aunque se lo pidiera el mismísimo presidente.

Alana se cruzó de brazos, apretando los labios para no soltar una carcajada.

Axel le puso el pastel enfrente, sonriendo.

—Pide un deseo.

Ella cerró los ojos, juntó las manos y sopló la vela.

—Feliz cumpleaños —le dijo Axel con una ternura casi protectora, dejando el pastel en la mesita—. Cuando salgas de la cirugía y te sientas mejor, te prometo que te compraré el pastel más grande que encuentre.

Alana asintió, sonriente, y vio que Francisco Vargas, su mentor, también estaba apoyado en el marco de la puerta.

Conversó un rato con él hasta que una enfermera entró para avisar que era hora de llevarla al quirófano.

Justo antes de entrar, su teléfono sonó. Era una enfermera del área de neurocirugía.

En su momento, cuando se supo que Lisandro había quedado inválido, la noticia había sacudido al Consorcio Herrera como un terremoto.

Los accionistas exigieron de inmediato que lo destituyeran de sus cargos en el hospital.

Pero Isabel Herrera lo defendió contra viento y marea, jurando ante la junta directiva que su hijo volvería a caminar en menos de tres años.

Para mantener el tratamiento en secreto, Lisandro no fue atendido en su propio hospital, sino que lo trasladaron al mejor departamento de neurocirugía de la ciudad vecina.

Capítulo 24 1

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