Alana miró fríamente a Yara. Reprimiendo la injusticia que sentía, subió a la patrulla de policía fingiendo estar tranquila.
Viendo cómo el vehículo se alejaba con las sirenas encendidas, Yara sonreía, pero los nudillos de sus manos crujían por la fuerza con la que los apretaba.
Inmediatamente después, regresó y le informó a Lisandro Herrera fingiendo sorpresa.
Tras despedirse de la Gran Dama, Lisandro tomó apresuradamente a Yara y abandonaron la residencia Rojas.
La Gran Dama se quedó sola en la habitación. Mientras revisaba el diagnóstico inicial que Alana acababa de escribir, esperaba que sus hombres regresaran a informarle.
—Señora, Héctor ha llegado —anunció el mayordomo.
Ella le hizo una señal al abogado para que pasara.
Héctor entró y le entregó unos documentos con sumo respeto:
—Mis disculpas, Gran Dama, me tomó algo de tiempo.
La anciana murmuró que no importaba. Se puso los lentes para leer la información sobre Alana y le comentó al mayordomo a su lado con fastidio:
—Esto sí que no me lo esperaba. ¿Cómo puede alguien ser tan descarado? Acompañar a la amante y hacer que su esposa, de la que aún no se divorcia, venga a atender a la tía de esa misma amante.
El mayordomo y Héctor intercambiaron una mirada algo incómoda. El mayordomo sonrió de forma conciliadora:
—Es probable que la señorita no estuviera al tanto.
Otilia Lozano soltó un bufido y suspiró:
—Sabiendo que es la otra, y aún así prestándose para ello... Nuestra heredera Lozano es un caso perdido.
—Señora, piénselo bien —aconsejó el mayordomo—. Después de todo, es alguien que tiene roces con la señorita. Si las cosas se dan, la paz de la familia se verá afectada.
—La familia casi se cae a pedazos, ¿a quién le importa eso ahora? —Otilia abrió mucho los ojos—. Mientras logre llamar la atención de ese muchacho rebelde, que se la robe sin miramientos.
Al instante siguiente, Héctor le informó sobre el encuentro con la patrulla de policía en la entrada.
La Gran Dama ordenó en voz baja:
—Envía a alguien a investigar. Averigua qué pasó, pero mantén un perfil bajo.
—Entendido, señora.
A altas horas de la noche.
Frente a la estación de policía.

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