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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 36

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Alana entró corriendo a la residencia y vio que Isabel Herrera, apoyada en el mayordomo, ya estaba saludando efusivamente a Gregorio.

Gregorio, lleno de energía, sacaba sacos de verduras y frutas frescas del vehículo.

—Son puros productos del campo, todos naturales. Es un pequeño detalle, espero que no los menosprecie, consuegra —dijo con una enorme sonrisa.

—Ay, Gregorio, no tenía que molestarse —respondió Isabel con amabilidad—. Deje que los muchachos se encarguen, no se canse. Venga conmigo, pasemos a tomar un té.

—No pasa nada, la gente del campo tenemos fuerza de sobra —dijo Gregorio mientras bajaba otra caja y se la entregaba a un empleado—. Esto es para mi hija, son puras cosas que le encantan.

En aquel entonces, no habían celebrado ninguna boda; las familias simplemente se reunieron para cenar y conocerse.

Durante la Navidad y otras fiestas importantes, usaban la excusa de que Lisandro necesitaba descansar para no visitarse, manteniendo una distancia tácita.

Estos últimos años, padre e hija habían sido tan tercos que ninguno quería dar su brazo a torcer; todo lo que tenían que decirse lo hacían a través de Rosa.

Al escuchar a su padre desde lejos, a Alana se le llenaron los ojos de lágrimas.

Corrió hacia él, gritando:

—¡Papá!

Apresuró el paso.

Gregorio se volvió al escucharla. Al ver a su hija, se quedó paralizado y tardó un momento en reaccionar.

Alana no quería quedarse mucho tiempo en ese lugar, y preguntó con seriedad:

—¿Por qué viniste sin avisar?

—Tú y mi yerno están muy ocupados, solo venía a dejar esto y me voy —respondió él.

Al escuchar esto, Isabel se apresuró a decir:

—Lisandro ya viene de camino, por fin la familia está reunida. ¡No se puede ir, consuegro! —Le pidió a los empleados que lo hicieran pasar con mucha hospitalidad.

Alana, sin más remedio, tuvo que entrar detrás de ellos.

Delante de Gregorio, Isabel no escatimó en halagos, alabando a Alana como una gran nuera y una esposa ejemplar.

Gregorio, riendo de orgullo, le aconsejó a su hija:

—Alana, tienes que ser una buena chica con tu suegra y apoyar en todo a tu marido. No cualquiera tiene la misma suerte que tú.

Alana asintió, forzando una sonrisa. Se sentía como si estuviera sentada sobre agujas.

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