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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 168

Cuando Sara volvió a gritar el nombre de Gisela, ella finalmente se detuvo.

Se giró con calma, miró a Sara y le dijo:

—Señora Sara, sé que me gritó porque no conoce la verdad, pero yo tampoco hice nada malo. No tengo por qué soportar este tipo de humillaciones.

Sara, apresurada, contestó:

—Lo sé, por eso quiero compensarte.

—Tengo en mis manos un único pase para el concurso Sinfonía del Mar. Solo es uno, pero quiero dártelo como compensación.

La duda asomó en el rostro de Sara:

—No sé… ¿quieres aceptarlo?

En ese momento, todas las miradas se centraron en Gisela, esperando su respuesta.

Romina mantenía una sonrisa amable, pero por dentro parecía que ya estaba rechinando los dientes de coraje.

¿Cómo era posible que simplemente regalaran el único pase para el concurso?

¿Con qué derecho Gisela podía competir en el mismo certamen que ella? ¿Quién se creía?

Primero le quería quitar a Nelson, y ahora también quería arrebatarle el concurso.

Romina, como si de repente hubiera recuperado el ánimo, se irguió y sonrió:

—Gisela, deberías pensarlo bien. Todavía eres alumna de último año de prepa, deberías enfocarte en tus estudios.

—Sobre el malentendido que tuviste con la señora Sara, creo que podría explicarlo para que no haya más problemas entre ustedes.

En resumen, todo lo que decía era para que Gisela no aceptara el pase.

Gisela pensó un momento. Si fuera la protagonista de una novela de televisión, ¿qué haría en una situación así?

Recordó varias escenas de dramas, donde después de aclarar un malentendido, la protagonista solía rechazar el regalo de disculpa con una actitud orgullosa y decir que no lo necesitaba.

Luego se iba de manera elegante, dejando a todos boquiabiertos.

Así se volvía una gran protagonista.

Pero Gisela levantó la cara y sonrió:

—Lo acepto.

Si le ofrecían algo bueno, ¿por qué rechazarlo?

Se lo había ganado.

—¿Cómo la contacto después?

Al ver que Gisela aceptaba el regalo de disculpa, Sara suspiró aliviada:

—Agreguemos nuestros contactos, te mando la información y con eso ya puedes inscribirte al concurso.

Gisela asintió con decisión y, después de agregar a Sara, agitó la mano:

—Hasta luego.

Justo en ese momento, una mano atrapó la suya.

Era Nelson.

Sus ojos negros, intensos y agudos, se clavaron en ella con seriedad.

—Sácame de tu lista de bloqueados.

Gisela volteó y lo miró con aire inocente, haciendo un leve puchero:

—¿De qué hablas? No entiendo nada de lo que dices.

Se soltó con habilidad de la mano de Nelson y una sonrisa sarcástica se dibujó en sus labios.

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