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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 185

Arturo alzó la mirada de golpe. Sus ojos, envejecidos y turbios, proyectaban una presión tan fuerte que se sentía como si pesaran sobre el rostro de Gisela.

Con un bufido de desdén, soltó:

—Gisela, mira nada más la clase de cosas que haces.

Gisela apretó los puños, pero su expresión se mantuvo tranquila cuando volvió la vista hacia Eliana.

—Eliana, ¿de verdad quieres seguir echándome la culpa?

Eliana, todavía temblorosa por el susto que acababa de pasar, se estremeció al oír la voz de Gisela.

Después, levantó la cabeza y se encontró de frente con ella.

Justo ahí, y sin apuro, Gisela metió la mano en el bolsillo y sacó una grabadora de voz.

Eliana se puso pálida y gritó:

—¡No…!

—Ya no te alcanza el tiempo —respondió Gisela, y en cuanto terminó de hablar, encendió la grabadora.

De inmediato, la conversación entre Gisela y Eliana comenzó a reproducirse, clara y fuerte.

Eliana, horrorizada, extendió la mano hacia Gisela:

—¡No!

La grabadora no mentía: allí estaba la confesión de Eliana, admitiendo que ella había ordenado a una chica fingir dolor de estómago para culpar al puesto de Gisela de problemas de higiene.

Todos los presentes entendieron al instante el motivo de la llegada de Gisela.

Resultaba que Gisela, junto con sus compañeros, tenía un puesto de antojitos en la plaza. Eliana había mandado a alguien a fingir dolor de panza, acusando su puesto de estar sucio. Por eso Gisela estaba ahí, asustando a Eliana y sacándole la verdad.

Gisela, con voz clara, soltó:

—Eliana hizo algo terrible, calumnió mi puesto y me acusó de tener problemas de higiene. ¿Acaso no tengo derecho a venir aquí a exigir que limpie mi nombre?

Eliana solo respiraba agitadamente, sin lograr articular palabra alguna.

Gisela guardó la grabadora y miró con una leve sonrisa a Arturo y Nelson.

—Ahora ya está, mi nombre quedó limpio.

—Solo espero que el señor Arturo y el señor Nelson se tomen el tiempo de enseñarle bien a Eliana, para que no vuelva a atacar a la gente.

El silencio se adueñó del lugar.

Pero Gisela no terminó ahí.

Se giró hacia Nelson, con la mirada fija en sus ojos oscuros y alargados, mostrando una seguridad inquebrantable.

—Entre el señor Nelson y yo, no hay nada de lo que ustedes andan inventando.

—No sé el señor Nelson, pero yo, por mi parte, no tengo ningún tipo de sentimiento inapropiado hacia él.

Recorrió con la mirada a todos los que la rodeaban, con voz serena:

—Están equivocados conmigo.

Por último, se dirigió a Romina.

—Y tú puedes estar tranquila. Tu señor Nelson no me interesa para nada.

Apenas terminó de hablar, un murmullo escandalizado recorrió la sala.

Capítulo 185 1

Capítulo 185 2

Capítulo 185 3

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