Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 21

Esto no era una invitación de Nelson. En su vida pasada, ella misma se había pegado como chicle para ir con él, usando como excusa que la mansión Tovar quedaba muy lejos de la escuela.

Ahora, Gisela tenía claro que jamás volvería a cometer ese error.

Sin titubear, contestó:

—No, gracias. Yo me regreso a la mansión Tovar.

El asistente mostró una expresión de asombro, dudando mientras miraba al hombre sentado en el asiento trasero del Rolls-Royce.

—Señor Nelson...

Gisela no pudo evitar sorprenderse.

¿Nelson de verdad había venido a recogerla?

En ese momento, Nelson abrió la puerta del carro y se bajó con total naturalidad. Llevaba un traje impecable, elegante y perfectamente entallado, lo que hacía que resaltara entre la gente como si fuera de otro mundo.

—Gisela, ¿prefieres que te traiga a la fuerza o vas a venir por tu propia cuenta?

Tan dominante y controlador como siempre.

Gisela, aunque no quisiera, sabía que era inútil resistirse.

Nelson siempre había estado por encima de todos, nunca le permitía rechazarlo.

Ya en el asiento trasero del carro, Gisela abrazó su mochila con fuerza, tratando de evitar que sucediera otra situación incómoda como la de esa mañana.

El Rolls-Royce se incorporó a la calle. Al principio, ninguno de los dos dijo nada, hasta que Gisela se dio cuenta de que no iban en dirección a la mansión Tovar.

Frunció el ceño de inmediato.

—No voy a tu casa. Quiero regresar a la mansión Tovar.

En ese instante, Nelson cerró de golpe la carpeta de documentos que tenía en las manos.

Con movimientos lentos, se quitó los lentes y habló con voz ronca:

—¿Ahora por qué te pones así?

Gisela desvió la mirada, ignorándolo.

—Bájame aquí. Yo puedo regresar sola.

Nelson no perdió la calma.

Gisela lo miró con una mezcla de sarcasmo y resignación.

—Nelson, no pasa nada, ¿no es eso lo que quieres? Proteger a la mujer que te gusta. Lo entiendo.

Nelson arrugó la frente, su mirada oscura y contenida.

—Gisela, tú...

—Este papelito —dijo Gisela, tirando el folder sobre las piernas de Nelson—, quédatelo. Si tú te lo crees, está bien.

El tono de Gisela era tan sarcástico que hasta el asistente no pudo evitar mostrar disgusto.

El asistente pensó para sí: con razón el señor Nelson prefería a Romina. Si esto hubiera pasado con la señorita Romina, seguro habría entendido a Nelson, lo habría animado a no estresarse tanto, y por supuesto, habría confiado en los resultados de su investigación.

¿Pero Gisela? Solo traía espinas, ni entendía ni quería entender, y encima creyéndose más lista de lo que era, dudaba de todo.

Si él fuera Nelson, también preferiría a una mujer dulce y amable como Romina.

Nelson levantó la mirada, la voz cortante.

—¿Qué estás insinuando?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza