Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 22

Gisela no quería seguir discutiendo con Nelson sobre lo de haber puesto algo en la bebida. Darle más vueltas no iba a cambiar nada; el resultado sería exactamente igual al que tenía enfrente.

Nelson sería siempre el mejor y más fuerte escudo para Romina.

Gisela giró la cabeza hacia la ventana del carro.

—No quiero ir a tu casa. O me dejas bajar, o llévame de vuelta a la mansión Tovar.

Nelson guardó silencio unos segundos. Después, soltó una risa apenas perceptible, cargada de un significado difícil de descifrar.

—Qué rápido te haces la valiente.

Gisela se volvió hacia él, el rostro sereno.

—Entonces, ¿qué vas a hacer?

Los ojos de Nelson se afilaron, impasibles, como los de un depredador acechando desde la oscuridad. Poco a poco, una mueca apenas visible se dibujó en la comisura de sus labios.

—Antes llorabas y hacías berrinche para quedarte conmigo. Ahora armas drama para querer regresar. —Nelson la miró fijo—. Gisela, las cosas no siempre van a ser como tú digas.

—Contigo, no tengo derecho a decidir nada, ¿verdad?

—Aquí no tienes opción.

Gisela apretó la mandíbula y le lanzó una mirada desafiante.

...

Al final, la llevó de regreso al departamento grande.

Gisela se quedó de pie en la entrada, los puños tan apretados que los nudillos se le pusieron blancos. Todo en su postura gritaba rechazo.

Recordaba perfectamente que ese era el departamento que Nelson había comprado mucho tiempo atrás, cuando todavía estaba saliendo con Romina. Era la prueba viviente de su amor.

En su vida pasada, ella y Fabi terminaron encerradas ahí, sin poder salir, obligadas por Nelson a mirar, una y otra vez, videos y fotos de él, Romina y sus dos hijos paseando felices.

Nelson las obligaba a encarar la realidad.

A veces, Romina también iba a quedarse allí. Cuando eso ocurría, Gisela y Fabi eran encerradas en una habitación pequeña, sin luz ni nada con qué entretenerse.

El silencio era tan espeso que podían escuchar las risas y pláticas de Romina, Nelson y los niños al otro lado de la puerta.

Todavía tenía grabado en la mente el momento en que Fabi, acurrucada en sus brazos, lloraba hasta quedarse sin voz.

Con el tiempo, Nelson dejó de usar ese departamento como su hogar conyugal.

Compró una casa más grande para él y Romina.

—Ella se merece algo mejor. Este lugar ya no está a su altura —había dicho Nelson.

Gisela inhaló profundo, tratando de controlar la voz.

—Pido comida por aplicación.

Pero Nelson ya iba camino a la cocina.

—Yo prepararé algo.

Gisela se quedó petrificada, mirándolo irse. Su mirada era un revoltijo de emociones.

En su vida pasada, Nelson jamás había cocinado para ella. No era porque no supiera; de hecho, Nelson cocinaba muy bien, pero solo lo hacía para Romina.

Había visto antes los platillos que preparaba: olían y se veían tan bien que podría haber trabajado de chef.

No tardó en entender por qué Nelson se ponía a cocinar esa noche.

Justo en ese momento, la puerta se abrió y Romina apareció. La sonrisa cálida que traía se borró al instante al verla ahí; la voz le tembló de la sorpresa y el disgusto.

—Señorita Gisela, ¿qué hace usted aquí?

Gisela se hizo a un lado para dejarla pasar.

—Eso deberías preguntárselo a Nelson.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza