Las chicas de la familia Varela eran bien vistas por todos. Aunque su familia no podía igualar el peso de los Tovar, no dejaba de ser un clan con mucha historia y prestigio.
De hecho, Arturo alguna vez había considerado a las Varela como posibles aliadas a través del matrimonio.
Entre las hijas de los Varela, Romina sobresalía por su talento. Su fama era bien merecida: fue capaz de viajar sola al extranjero para perfeccionar su piano y, cuando regresó, lo hizo envuelta en reconocimientos y orgullo.
La familia Tovar y la familia Varela, juntas, hacían una dupla ideal.
Había escuchado rumores: decían que Nelson y Romina se habían enamorado en la prepa, que habían sido el primer amor del otro, y que, pese a los años y la distancia, ese cariño nunca se había apagado.
Nelson y Romina no solo se amaban; sus familias también estaban a la par.
Una unión de dos fuerzas poderosas, una pareja que parecía hecha a la medida.
Cuando supo que la novia de Nelson era Romina Varela, no pudo evitar sentirse genuinamente feliz.
Le alegraba que Nelson amara de verdad a Romina, pero también que la familia de Romina cumpliera con las expectativas de Arturo, suficiente para igualar a los Tovar.
Todo encajaba perfectamente, como si el destino lo hubiera planeado.
Solo había un detalle que le inquietaba.
Ese detalle era Gisela.
Mireia detestaba su propio matrimonio, sobre todo por la traición que lo había marcado.
Franco había sido un hombre joven, atractivo, proveniente de una familia importante. Su manera de hablar y comportarse lo distinguía de los demás, y Mireia no pudo evitar enamorarse con la esperanza de que algún día ellos dos formarían un hogar sin intrusos.
Pero la realidad fue otra. Menos de seis meses después de casarse, Franco ya había traicionado su promesa.
Sabía bien lo que era sentir que el corazón se le rompía en mil pedazos, y lo difícil que era recoger los pedazos de un matrimonio destrozado. No quería que Nelson y Romina pasaran por lo mismo.
Siendo la madre que le debía tanto a Nelson, sentía que al menos podía ayudarlo a evitar ese dolor.
Le había dado a Gisela una semana de plazo. Si después de ese tiempo Gisela seguía rondando, no tendría más remedio que actuar.
Los ojos de Mireia brillaron un instante, pero enseguida ocultó cualquier atisbo de inquietud.
Alzó la mirada, suavizando la expresión.
—Nelson, sabes que soy tu madre, y solo quiero que tu matrimonio se mantenga lleno de amor y armonía. No repitas mis errores, ¿me entiendes?
Le dio unas palmadas en el hombro, transmitiendo calidez.
—Si Romina se siente mal o algo la inquieta, no olvides estar ahí para ella. Está embarazada, y los cambios de humor son normales. Ponle atención, no dejes que se guarde todo y termine afectando su salud.
—Es su primer embarazo, y tú también eres papá por primera vez. Si tienes dudas, ven a preguntarme.
Nelson asintió.
—Gracias, mamá.
...
La mañana del día de la semifinal, Gisela se levantó muy temprano, dándole vueltas al contenido de la competencia.


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