Ella había pensado en pedirle a Gisela que, por el bien de sus estudios y su permanencia en la escuela, cediera un poco y se disculpara con Romina, tal como lo solicitaba la institución.
Pero ahora, viendo la actitud de la escuela, entendió que no tenía sentido. Desde el principio, ni siquiera consideraban a Gisela como una persona.
—Ustedes...
Apenas había abierto la boca, cuando alguien la interrumpió.
—Maestra Arce.
Era la voz serena y tranquila de Gisela, tan suave y nítida como el agua fresca de un lago que calmaba sus nervios y apaciguaba la rabia que le quemaba el pecho. Poco a poco, esa furia fue cediendo al escuchar a Gisela.
La maestra Arce respiró hondo, intentando recomponerse.
—Gisela, vámonos ya —dijo, aún esforzándose por recobrar la calma.
En cuanto dio un paso para salir, la directora del área académica se cruzó en su camino, mirándolas con una actitud desafiante.
—¿Quién les dijo que podían irse?
La maestra Arce estaba a punto de explotar de nuevo, pero Gisela se adelantó, le tomó la muñeca y la puso detrás de ella; después, sin titubear, le quitó el documento de las manos.
Gisela se inclinó levemente hacia ella y le susurró:
—Maestra Arce, déjeme encargarme de esto. Puede confiar en mí.
—Gisela, ¿ahora tú con qué sales?
Gisela no respondió de inmediato. Bajó la mirada hacia el documento que tenía en las manos.
[Declaración: Yo soy Gisela, la estudiante involucrada en el reciente incidente de Sinfonía del Mar. Primero, quiero pedirle una sincera disculpa a la señorita Romina y a quienes siguen este caso en redes. Reconozco que todo lo sucedido fue consecuencia de mi impulsividad y falta de madurez. Me equivoqué al difamar a la señorita Romina durante la final de Sinfonía del Mar. Por culpa de mi actuar, ella ha recibido ataques y desprecios injustos. Me siento profundamente arrepentida y le pido perdón de corazón.
Tras estos días de reflexión, vuelvo a pedirle disculpas a la señorita Romina. Lo siento mucho, de verdad. Admito que, en cuanto a la controversia por Anhelo y Amor de Amor, la señorita Romina no incurrió en plagio como se ha dicho. En realidad, todo fue una forma de dar a conocer el trabajo de la señorita Paloma y la canción Anhelo. La intención de Romina fue buena, así que no puede considerarse plagio. Por eso, una vez más, le expreso mis más sinceras disculpas.
Todo esto sucedió por mi egoísmo y por la envidia que sentía hacia los logros de Romina. Me dejé llevar por los celos y por eso la insulté y la desprestigié. Romina siempre ha sido íntegra, amable y generosa. Yo fui la que actuó con mezquindad. No debí haberla difamado. Lo siento mucho.
Reconozco que, en cualquier aspecto, no estoy a la altura de la señorita Romina. A partir de hoy, cargaré con este arrepentimiento y culpa. No tengo cara para enfrentarla, ni a ella, ni a toda la comunidad.]

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